sábado, 22 de octubre de 2011

S

“A lo largo de nuestras vidas nos mantenemos
en silencio acerca de quienes somos,
acerca del que sólo nosotros conocemos
y no podemos revelar a nadie.
Pero sabemos que aquello sobre lo que callamos
es la verdad.
Somos lo que callamos.”
Sándor Márai.



E_te andar náufrago de aliento
E_ta piel que revela el pa_o de tu_ mano_
E_te de_tino de eleccione_ honda_
E_ta prome_a de mí mi_mo
E_te de_armar_e en el pa_o del tiempo
E_ta_ cana_ que _entencian _oledade_
E_ta máquina que no tiene _
Y ni _iquiera me anima a repararla.

E_ algo que también he perdido por ahí.

miércoles, 19 de octubre de 2011

gastronómicas

La gastronomía no es como cualquier otra actividad. Uno como comensal se expone a los criterios y humores de las personas que le cocinan y sirven. Eso crea un sometimiento casi mayúsculo a los empleados. Se sabe que son personas de poca tolerancia al reclamo y como consecuencia de ese acto se cobran venganza fácilmente. Me atrevo a decir que en un restaurant casi siempre estamos entregados al devenir. Tal es el caso de Marquitos. A quien no me animo a etiquetarlo de algún modo. Fue mozo, adicionista y cocinero. Cuando mozo desarrolló actividades difíciles de definir por su cuantía en maldad adolescente. Creador del fernet batido, situación que incomodó al dueño al batir un fernet-cola y bañarse luego de abrir la coctelera, era conocido como el intocable por sus revanchas sicilianas. Nadie se metía con él. Cuentan que había un muchacho que pretendía a su prima. Se ganaba el pan vistiéndose de Winny the pooh en el trencito de la alegría. El transporte, que recorría la ciudad con turistas, paraba cerca del restaurant. En verano, debajo del disfraz la sensación térmica rondaba los 45 grados centígrados. El muchacho estaba ensopado dentro de la trampa de peluche. Frecuentemente, entraba a usar el baño, a pedir agua o a pedir algo para picar entre vueltita y vueltita. Marquitos, al enterarse del affaire del pretendiente con su prima, no tardó en generarle trastornos. Le ponía la cabeza en la mitad de la calle cuando se la sacaba para entrar al baño o le pisaba la cola de su traje cuando corría a usarlo. Un día, le ofreció vodka en vez de agua y otro le sirvió en un vaso, agua, sal y hielo cuando moría de sed. Pero la máxima fue cuando el joven le pidió comida y Marquitos le empanó un trapo rejilla en forma de milanesa, lo cocinó y se lo dió. Había que ver como ese santo no protestaba y estiraba la rejilla para poder comerla. Marquitos era músico de una banda de rock pesado. No le gustaban sus tareas y menos un pretendiente para su prima con el aspecto del mítico osito de Disney. Detestaba su rutina. Estaba un poco peleado con la vida. La necesidad lo había llevado a ese lugar. Como nos sucede a muchos de nosotros tantas veces. Recuerdo alguna vez haber escuchado una frase célebre suya acerca de la problemática del barilochense.
---Acá hay dos tipos de personas. A las que le chupa un huevo todo y a las que realmente les chupa un huevo todo--- solía decir mientras se liquidaba relamiéndose su sexto porrón de cervecita negra.
Creo que esa frase puede extenderse a muchos sitios del planeta. O bien, si hilvano más fino, al planeta mismo.

domingo, 16 de octubre de 2011

cierto

Habrá más jorobados que camellos
Habrá más espejismos que oasis
Habrá más frutas amargas que dátiles
Habrá más intolerancia que semejanzas
Habrá más sequedad y más sombras
Habrá más arena en el paladar por no decir
Habrá cierto desierto incierto

Habrá también una caravana de ilusiones

En ese sinfín de caras raras
habrá alguien que sonreirá al mirar
todo el destino del mar.

madre

Mi madre ha sabido vivir la vida a través de sus hijos. Aún lo sigue haciendo. Se preocupa más de lo que realmente son las cosas. Siempre atendió las necesidades del crecimiento. Su costado mujer quedó un tanto postergado, a pesar de haber sido la reina del carnaval. Más madre que mujer. Tiene la pirámide invertida. Cabeza dura. De estructuras y códigos de familia muy rígidos. De tanto inculcar algo quedó. Mis hermanos y yo aceptamos su carácter y sus valores. Cultora del “todo pasa”. Su universo ha sido su barrio y tardó años en resurgir su bohemia. Pintaba. Escuchaba. Era la madre sustituta de algunos de mis amigos y de amigos de mis hermanos. Su casa, la que compartíamos, solía ser un hogar lleno de nombres. Grande como su corazón. Devolvía y pocas veces la he visto llorar. Creo que se escondió siempre. Sencilla, criticona y austera. Poco se ocupó de ella misma. Rezagando, postergando, esperando. A veces siento que heredé de sus comarcas una veta artística poco estimulada y que mi desafío es desarrollarla. Eso me lo debo y se lo debo. Adoro sus mates y su “no tengo tiempo”. Debe ser así realmente. Vive eternamente cansada…

Tal vez, pensarnos a todos agote.

miércoles, 12 de octubre de 2011

noticias

Madres que prostituyen a sus hijas, aumento de tarifas, focos de conflictos armados, del transito, de la ciudad, del país, del vecino asesino, de los enquistes del poder cada vez más enquistados, de la suciedad, de la miseria de quien tiene y no reparte, de los logros deportivos, del juego del jugar, de las crisis que nos afectan pero que son de otros, de la salud insalubre, de los dioses paganos y adorados totems que aseguran vida eterna, de las calles rotas, de la insanidad institucional sin mirarse al espejo, de la moda trivial, de las predicciones, de los pronósticos, de las guerras, del desamor, de los obituarios. La noticia trabaja más desde el morbo que de la conciencia. Porque si creemos que eso es la forma en que nos informamos, entonces estamos verdaderamente errados. Sin rumbo o más precisamente en el rumbo de no pensar. Tan mal hace que la religión diaria de informarse sea a su vez una droga de la cual no se zafa y trabaja desde limar constante a transformar el humor, el amor, la conexión con nosotros y con los otros.
Algo que resalto de las publicaciones en el interior del país son los logros. Eso es algo mínimo, hasta puede resultar cursi, pero emociona. La gente publica los éxitos cercanos y los hace públicos, informando forma, cumpleaños, agradecimientos, felicitaciones por recibirse, por cumplir quince. Esa cuestión me ha generado un panorama diferente. Si se forma con la información, como pretender dar un discurso desde la formación de que todo lo que se ve, se escucha o se siente es para aturdir y confundir. No digo que esté mal que las noticias cuestionen al poder, de hecho esa es su función esencial. Sólo planteo que entre tanta vorágine y ensalada de discursos, el camino a lo verdadero dista de esa realidad presentada como verdad. Bastaría recuperar un poco de sentido común, el menos común de los sentidos por su desuso, y encontrar la veta de lo que llena. Que el niño se ría y gozar con ello, de gozar sentir como se ríe. De amar como si fuera a terminarse el mundo mañana. De provocar el encuentro. De oler una flor y transportarse. De ver amaneceres y lunas llenitas. De mojarse con la lluvia de verano. De jugar a vivir. De disociarse del enrosque de situaciones que no suman. Bastaría con ponerse a buscar quien multiplique. La consigna podría ser secar algunas penitas al sol, junto a las demás informaciones distorsivas y extorsivas de un hoy que mañana ya no será ni parecido a lo que se profetiza y sin saberlo se filtra en todos nuestros poros haciéndonos cada día más vulnerables.

Definitivamente “El diario no habla de tí ni de mì.”
Y somos nosotros los que hacemos la diferencia.

lunes, 10 de octubre de 2011

@

Algo me conmueve,
me embeleza y me separa.
Esa @ entre mi nombre y el universo.
Ese lugar en donde soy uno
y soy de todos.
Yacer no ha sido la mejor opción de valentía.
Este sueño solo se sueña despierto
y maniatado a la virtualidad de la imagen.
Por ahí se fueron las caricias en un sms
O por allá, por el teclado.
Siento esa vaga sensación de haber dejado
el mundo a medio terminar.

En bocas que no ríen.

En risas que callan su fulgor
y sólo hacen muecas digitales.

sábado, 8 de octubre de 2011

trazando puentes

No sé si alguna vez alguien escribirá mi historia. Sólo soy un nombre más. No sé si mañana vendrá por mí la desidia o el amor. Sólo entiendo el devenir por el pasado. No sé si seré exitoso o fracasado. Mido la vida en términos de bienestar. No sé si algún día volverás. Siempre llego al lugar del que no me fuí. No sé si el fruto es mejor que la flor. Sólo admiro ambas cosas. No sé si veré aquella luna otra vez. Siempre busco volver a verla. No sé si voy a quererme bien. Trato de no maltratarme. No sé si soy inteligente. Siempre me supe aprendiz. No sé si soy limpio. Bañarse no implica limpiarse. No sé si soy prejuicioso. Sólo juzgo las actitudes. No sé andar por el camino correcto. Sólo he recorrido algunos inciertos y otros verdaderos. No sé escuchar a mi corazón. Interpreto mejor sus silencios. No sé si mi alma se irá al cielo o al infierno. Me gustaría que se quedara más cerquita. No sé alcanzar metas. Disfruto más del paseo hacia ellas. No sé si voy a reencarnar. Prefiero encarnar lo mejor de mí. No sé jugarme la vida. Creo que la vida es un juego. No sé mentir para ganar. Tal vez pierda de verdad. No sé si soy gracioso. Suelo agradecer. No sé si creo en el amor a primera vista. Amo con todos los sentidos ciegamente. No sé si las personas cambian. Sé que todo cambia a las personas. No sé si soy lindo. Me miro al espejo esperando ver eso. No sé quedarme quieto. Me muevo para estar tranquilo. No sé si tengo fortuna. Me siento afortunado. No sé si lo que hacen todos está bien. Creo que es mejor lo que hacen algunos pocos. No sé si estaré bien mañana. Hoy sólo estoy trazando puentes.

lunes, 19 de septiembre de 2011

El limosnero

En una esquina apagada de San Telmo estaba ahí. Entre los diarios como frazadas y el frío polar que lo acurrucaba inmóvil. Sus harapos olían a desgracias y sus gatos hacían a la noche maullar. El limosnero caminaba lenta las vacías lunas llenas y últimamente estaba agobiado. Tanto olvido no se olvidaba en las madrugadas. Tanto tránsito de gritos citadinos lo tumbaban. Tanto aroma a tinto en el empedrado lo tumbaban. Tantas charlas que se escuchaban desde su cabeza lo tumbaban. Le daban tumba. Un non-santo sepulcro. Lo ví levantarse. Ayudar a sus gatos como si fueran hijos del destino. Respirar profundo el aire viciado y triste. Inclinarse en cuclillas y esperar mi paso. Amagué a cruzar de vereda pero seguí. Con la mirada que asomaba del gabán, atento a sus movimientos, llegué a su lado. Me encontré breve y desconfiado. Sus gatos me rodearon como en un ritual de bienvenida y me detuve. Mientras hurgaba en mis bolsillos un trocado para dar. El limosnero me miró lejano. Meneaba la cabeza negando. Alzó sus manos como pidiendo y me dijo.

--Recibí ésta luz y la quiero dar, pero nadie me cree porque siempre pido--

Entonces, heló mi sangre la paradoja de la sugestión. Nadie supo a donde se guardaron mis sombras. Ni yo lo supe. Solo advertí que al irme, ese rincón quedó iluminado.

jueves, 15 de septiembre de 2011

bar

Llegó empapado a pesar del apuro. Esa absurda acción de correr para mojarse menos que no logra nunca su cometido. La tormenta azotaba vientos de agua y no daba tregua a los paraguas ni a los reparos. Llegó sacudiéndose y bufando quejas pues sólo se secaría desvistiéndose. Bendijo al barman que sin hablar le acercó un cognac y un servilletero de papel. Sacaba las servilletas como quien cuenta dinero en el banco y quedaban en bollitos empapados sobre la barra. El sitio olía la humedad de los muebles y de los espejos biselados de los años en que todo era antiguo. Se sentó en la barra mientras alguna fritura fuera del horario de cena se había quedado un tiempito más en el ambiente para recordar que ahí también se comía algo de vez en cuando. Se acomodó algo incómodo en una banqueta rodeando la copa con ambas manos mientras a través del largo espejo de enfrente miraba a los pocos que estaban allí. Entraba la madrugada en las caras y el bar recibía a los noctámbulos de siempre. Para hablar de la vida sin hacer casi nada más ni menos que eso. Las miradas en diagonal descifraban códigos de aceptación y rechazo. Lo aceptaba la mujer envuelta de rojo carmín tan roja como su boca y jeans tan oscuros como el olvido. Lo aceptaba un viejo cliente que por cada sorbo le asentía mientras su barbilla se mojaba en el enésimo trago por enésima vez. Lo aceptaba el barman con cara de no pagar sus facturas al fisco y su piel verde del oficio que le daba la noche. Lo aceptaba la parejita que jugaba al pool en el fondo que entre besos y besos fundían sus bocas en endorfinas mientras exprimían a la fonola con algo lento de metálica. No había nadie más. Todos lo aceptaban. Estaba como en su casa. El bar era una casa de amigos desconocidos. Le convidaron a secarse en silencio sus ropas. Le invitaron a quedarse un rato más ahí compartiendo el espacio. A pesar de estar frente a sus ojos no supo quien lo rechazaba pues el único que lo hacía era el rostro insomne frente al espejo cada vez que se miraba.

lunes, 25 de julio de 2011

una vez más

te agradezco la oportunidad
de alcanzarte verdad
entre otras cosas verdaderas
de traer el alma envuelta
para volver a usar
de acariciar tu coraje
pancita
para volver a andar
de solear días nublados
para volver a creer.

una vez más que no es otra vez más.
una nueva vida que es una vida nueva.