lunes, 28 de febrero de 2011

Sepia

Cuando llegó el momento nadie se dió por enterado. La sequía había arrasado al amor desde la raíz misma en aquella chacra. Alguna vez una gitana le había advertido sobre su básica forma de aceptar la realidad como situación a corregir. Sus dolores del alma. Todo en el campo se achicharraba. Grillos disfónicos deambulaban sin luna. Bueyes que ya no danzaban como antes. Si hasta Los ladridos perdieron a los perros. Algunas vacas cambiaron de lado para dormitar y su caballo ya no quería galopar cuando había luna llena. Una huelga de vida asolaba el sitio. Hugo hacía tiempo que estaba a cargo del campo. Su testarudez y su malhumor le llevaron a la ruina. Todos lo percibían. Estaba enojado con dios en un pueblito santo. Todo el pueblo lo estaba con él desde que había enviudado. Era la manzana mordida del edén. De una veintena de changos quedó reducido su personal a dos. Federick, un suizo venido a desmantelar sus tiempos de puntillosa formación. Ayudaba poco y fumaba mucho y vaya a saberse con qué propósito se quedaba. Chavito, un changuito de doce que no tenía sitio donde vivir y se había armado un bunker en el establo, un tanto lejos de los animales para dormirse entre las pajas. Nadie más le acompañaba en esa prisión de hectáreas fértiles y valles encantados. El no las veía desde que había quedado sólo.
Por la hendija del cartero, que sobresalía de boletas para pagar, vió el sobre lacrado, tamaño carta, que se distinguía del resto. Ni recordaba cuanto tiempo había pasado sin recibir una misiva. Se acercó al sobre y muy despacio, luego de ojear el remitente, se animó a abrirlo. La carta venía de su pasado. Le llamó la atención, como suele suceder, que no había pasado el tiempo. Es cuando el recuerdo se hace presente y conduce en un tiempo extraño. Se está en lo vivido, en el presente, creyendo que no se volverá a vivir. La carta era de una amiga de su mujer. Nunca se había acercado a ella sin otro fin que la amistad, pero la misiva le decodificaba los mismos momentos, vistos desde otro cristal. Le reivindicaba su cortesía y su amabilidad. Le recordaba tardes de río y charlas en el muelle, que ciertamente él había olvidado, pero que al traerlas de regreso no se condecían con la forma en que ella las recordaba. Cayó en la sorpresa de quien esperaba un momento distinto en aquél momento. Siempre hay lecturas distintas. Tantas como personas vivan el mismo espacio pero lo real está cercenado a ese lugar y en general detalles mayores no pasan desapercibidos. La cuenta estaba pendiente. El encuentro debía ser. En la carta, ella le contaba el ruido de sus mandatos y la claridad de sus sentimientos. Le escribía acerca de lo mucho que le necesitaba y de lo mal que se sentía consigo misma al saber que la muerte de su amiga le abriera un campo de esperanza. Le comentaba sobre estar al tanto de la chacra, que en algún momento había sido un vergel y un paraíso donde morar y que hoy, era un cementerio de almas pobres y tristes. Le decía lo mucho que deseaba verle y las ganas de olerlo, pues había sido su olor el talismán por el que le recordaba. Hugo estaba azorado. Sus recuerdos y formación no acompañaban a esa realidad escrita. Llamó por Chavito para que preparara su caballo. Quiso verla inmediatamente. El caballo estaba mañoso. Nervioso por naturaleza, no se dejaba montar las noches de luna llena. A Hugo no le importó. Llegada la noche antes de las diez, salió raudamente al encuentro de ella que estaba a tres leguas río abajo en el pueblo. Cruzando el río, el caballo enloqueció por el reflejo de la luna en el agua y lo arrojó hacia las piedras. La montura estaba suelta y Hugo se desnucó. Al día siguiente, nadie en el pueblo lo lloró. Muerte accidental caratuló la policía. Cerró el caso y archivó el expediente. Nadie supo acerca de la mujer que le esperaba.
Esa carta la destruyó Federick.
Para que no hubiera pruebas que lo vincularan. Lo hizo luego de haberla escrito él. Lo hizo sonriendo a boca abierta con sus dientes sepia al desnudo.
Para que quede vengada la muerte de su amante.

lunes, 14 de febrero de 2011

re volvé

Revolvé con tus manos en cuchara,

Endulza mis sentidos.

Renombrá la lujuria,

Quiero canela y miel.

Desayuná mis trasnoches

Con mariposas azules

Revolveme

Revolucioname

Volvé a ilusionarme

Claudicá en mi mitad

Hacéme entero

Dame bravura

Hacete verde donde reposar

Hacelo

No pido

Exijo.

Devolveme amor

Que cuando vuelve,

es toda mi vida por ese simple momento.

jueves, 27 de enero de 2011

centro

toco el centro de tu cuerpo
toco chacras
toco tu olor
toco escribiendo
y toco mi recuerdo
tocándote.

miércoles, 26 de enero de 2011

días

Hay días que pasan sin más.
sin dejar huella aparente.
Son los que marcan el paso del tiempo.
y resultan ser los más intensos.

viernes, 21 de enero de 2011

Rosa

Gabriel es el encargado del edificio. Como a casi todos los de su oficio, le fastidia que le llamen portero. Aún así, no se ocupa demasiado por revertir su imagen. Pasa varias horas en la vereda y conoce el sub-mundo de la vida privada no sólo de los del edificio sino de los del barrio también. Escueto y evasivo a las preguntas, siempre exige respuestas. Mientras, manguerea la vereda dos veces al día, porque dice que las necesidades caninas le ensucian el palier. Habla de política, fútbol, mujeres, noticias sobretodo amarillas, de los vecinos que están fuera de lo normal y los que llevan una vida normal. Tiene una vara moral más determinada que la de un faraón, y así se autoproclama el nuevo restaurador de Buenos Aires. Si don Juan Manuel de Rosas lo viera, moriría nuevamente. Crítico y observador, posee material como para escribir diez “best sellers”. Desborda una sobredosis de información. Nunca me agradaron los tipos que no saludan sino los saludás. No sabía muy bien el porqué, hasta que me enteré que no era una cuestión de vergüenza sino de inseguridad en la comunicación, según Hegel. El tipo espera que le decís para armarse una respuesta. De todos modos, no era el día.
Al bajar por el ascensor me topé con su figura en el pasillo de la planta baja.
--Buen día—dije.
--Lo serán para ud.--- me respondió, lo que me animó a preguntarle.
--¿No lo es para ud?---
-- Y no… tengo a mi Rosa muriendo--- susurró al tiempo que bajo la cabeza y respiró casi moqueando como boxeador.
Yo, salía con el tiempo justo, pero mi humanidad detuvo el reloj de repente. Se paró también mi mirada en un punto fijo. Me tocaba la corbata como si ello me ayudara a pensar. Hacía calor como para salir con el traje, con esa armadura socialmente aceptada. Mi corazón se desbocó en sístoles y diástoles nerviosas. Enmudecí. Aposté a que me contara y se desahogara. Sin darme cuenta le ponía el hombro a ese desconocido que ya era como de la familia. Ví al hombre desarmado. Sentí como se buscaba en el escobillón para poder hablar. Fue entonces que rompí el silencio con un lenguaje no verbal frunciéndole un ceño. Y en tono confesor, asintiendo con la cabeza, balbuceó.
-- A la rosa me la liquidaron las hormigas--

martes, 4 de enero de 2011

deseo

Tengo solo un minuto para escribir
es un mensaje en la botella hacia el mar
y desesperado me impongo hacerlo
Tengo solo algunos segundos
porque me alcanza la rutina
y me impone su ritmo.
ya llega sin golpear la puerta.
y ni siquiera pude escribirte cuanto te deseo.

martes, 7 de diciembre de 2010

La posta

"Algunos hombres ven las cosas como son y se preguntan por qué. Otros se emocionan con cosas que nunca fueron y se preguntan por qué no".
George Bernard Shaw.

Un atleta le entrega la posta a un compañero para continuar con su esfuerzo por alcanzar la meta. Un padre la entrega a su hijo por amor.
Entrego la posta cada vez que puedo porque lo que me quedaría para mí seguramente lo perdería hacia el mundo.
Desde el lugar propio de dar.
Todo lo que doy es mío para siempre.

jueves, 2 de diciembre de 2010

quiero invitarte a salir del mundo.

Un amigo me dijo que posteara alguna canción de mi autoría con la música para que algún iniciado en la música la interpretara.
"Es como lanzar inspiración en un botella al mar" me dijo. Me encantó lo que me dijo.
Entonces, ahí va una elección personal para compartir.


Quiero invitarte a salir del mundo
Compartirte un café.
Traigo algunas sales debajo de la piel.

Quiero llevarte no digas nada
Si el futuro habló esta vez.
Siempre me acuerdo tarde y me ocupo después.

Amar se conjuga en presente definido
Somos carceleros de sueños instintivos
Si ahora nos llega la marea en la mirada
Tan solo viajemos un siempre sin escalas



Re-sol
Re-sol
Re –fa#m-sol-la
Simla-sol-mim-la7M.
fa#m-sol-mim-la7M

lunes, 29 de noviembre de 2010

desvelo

* foto cortesía del blog de Rous.

Cinco y algo de la madrugada. Pocos se enteran de éste chaparrón. Pocos saben .Un pájaro madrugador se confunde. Le canta al farol. Está trasnochado y le acompaña. Será por eso. Aún no amaneció y está casi sin haber pegado un ojo. Enciende un cigarrillo. Abre un recuerdo latente. Está abstinente. Se excita pensando en lo que vendrá. Es demasiado. Cambiar también duele. Cambia de estrategia en la ilusión. No deja de pensarle lo que lo despierta. Esto es sólo suyo. Siente que no. Se enlaza al cuerpo. Le llega. Le abraza. No puede explicarlo. La mística de las monedas. La cara es la correcta un día. Al siguiente no lo es. La decisión danza pero siempre son ambas. Suena el corazón a borbotones. Tiene que escucharlo. Tienen que escucharlo. Puede que sea tarde. Puede que no vuelva a vibrar. La vida seguirá para ambos. Fáciles reencuentros con Lágrimas negras. Es un karma que envuelve. Que vuelve. Ser cobarde es tan parecido a ser prudente. No sabe cuanto pendiente servirá de futuro. Cambia de rumbo y duele. Duele y no sabe que. Ya son dos pariendo. Siguen actuando entonces las obligaciones que les suceden. Que se suceden. Adentro sale del espejo. Ya vió el devenir. No niega más y avanza. Como puede avanza. A pasitos cortos. Algunos pasos en el fango. Para qué mentirse. No sabe hacerlo.
Sabe que escribe esto porque algún día ella le va a leer.
Cuando también el desvelo le alcance.

jueves, 25 de noviembre de 2010

detrás de las rutinas

Ruta 11. Kilómetro 385. Hay un cartel azul desgarbado que indica el lugar de un monumento. Algo que girando a la izquierda, unos cinco kilómetros más, se encuentra sobreviviendo al desamparo. Doblo. Hacía tiempo que pasaba por ese paraje sin doblar. Se viene, como una cascada caliente en la cara, los recuerdos de la mediática difusión de un crímen. El poder y su prepotencia una vez más haciendo de las suyas. Tomo el camino consolidado de arena y tierra como todos los caminos de campo de la costa atlántica. Vuelan churrinches y mirlos entre el verdor y la polvareda. Comienzo a imaginar su recorrido hasta esa cava macabra. Al llegar se levanta una cruz blanca y resistente. Un hornero construye un nido en un brazo de la cruz. Una paradoja. Una más entre tantas que se construyen a diario en ésta tierra. Mi tierra de gente olvidada y que además olvida.
Me acerco al humilde mausoleo. Algunas inscripciones dejaron huellas. Dejo la mía en el sitio donde José Luis Cabezas enfrentó al poder gatillando imágenes y disparando contra la impunidad con su cámara de fotos.
Tras su asesinato, “ No se olviden de Cabezas” se repetía por todos lados.
Confieso como otros haberlo olvidado detrás de las rutinas.
" El asesinato de José Luis Cabezas atravesó, horizontal y verticalmente, toda la sociedad. Este crimen sacó a la luz todo un tejido de corrupción que vinculaba a ministros, jueces, legisladores, las fuerzas armadas y de seguridad con los intereses de los grandes grupos económicos". del libro El crímen de Cabezas, radiografía de un país mafioso, de Alejandro Vecchi.