miércoles, 18 de mayo de 2011

quien

quien se acerca
quien me inventa
quien se vive
quien me da
quien resuelve
quien me ayuda
quien se queda
quien me arropa
quien me quiere,
me quiere por quien soy.

martes, 17 de mayo de 2011

que

que vuelo bajo porque es mejor que caminar.
que desangro con el mundo que se vive matando mundos.
que degollan ángeles con el filo de un papel.
que amo despertandome y me despierto al amarte.
que mañana es un hoy en oportunidad de ser
que se aprende equivocando y que me contradigo por andar.
y que...
que tengo la posibilidad de dar
y seguiré dando.

lunes, 16 de mayo de 2011

cuando

Me reconocí por primera vez cuando dí.
cuando me fuí detrás de tus jeans
y no me devolviste la mirada.
cuando estuve lejos estando cerca.
cuando creí que todo es mejor si es bueno.
y cuando el futuro sea hoy.
y cuando el tiempo sea recuerdos,
te animo a que sigas a mi lado haciendo más.

martes, 10 de mayo de 2011

cómo

cómo te abrazaron las palabras.
cómo la brisa se adueñó de tu piel
cómo pasa el tiempo sin pasar cuando te pienso
cómo hago para ser a tu lado sin dejar de ser

contame cómo soy después de haberte leído.

domingo, 3 de abril de 2011

21.doc

Corrían los años como nubes. A veces, el tiempo acompasaba las horas y a veces sólo las marcaba en su reloj pulsera. Un legado de su madre. Uno de tantos. En los pisos brillaba la mugre que con el estanco se convertía grasosa. Entonces, al reflejo sutil de las celosías parecía encerado. Algo más que parecía lo que no era. Entre el oscuro cuarto, justo entre el pasado y su cama, Ladio meditaba sus recuerdos más alegres. Su niñez de juegos, sus amigos que le habían olvidado, su pequeño universo construído en el terreno de la ruina. Sus sueños más básicos, sus pasiones más pasionales. La cuadra festejaba el corso afuera. El ruido ni le llamaba la atención, ni lo dispersaba de su recorrido. Ni hacía mella en su ruido interno. Ladio hacía años que estaba postrado. Hacía tiempo que no se levantaba de ese colchón que sabía a humedad y colonias baratas. Su piel ya había padecido el escaldado. Aún tenía el corazón bravío y la piel curtida. Aún tenía más que eso. Aún tenía el deseo por una mujer.

Era su cumpleaños. 21 de febrero. No sabía a ciencia cierta si había nacido antes o después de las doce. Si la certeza que unos años más tarde precipitó sus días. Aquél maldito acelerador se había llevado sus piernas. Tenía 21. Y ya le sonaba ese número como kármico, ya que también su madre lo había parido con esa edad. Ladio rondaba los cuarenta. Su pasatiempo eran los rompecabezas. Aunque a decir verdad, Dana, su enfermera, solía esconderle algunas piezas para que las buscara en la habitación. Ella era dulce, paciente y mugrienta. Pasaba días sin bañarse. En Sarandí, siempre faltaba el agua y parecía haberse acostumbrado a eso. Ladio nunca fantaseó con ella. Ni aquellas tardes de verano en donde la ropa pesaba y los escotes incitaban. Era una relación fraternal. Sin padre, sin madre, y con un hermano que viajaba para olvidarse en el alcohol, Dana era su compañera. Leal y estoica. Pero no le movía ni un pelo. Si su hermana, que de vez en cuando le cuidaba. En varias ocasiones se había excitado en sueños despiertos y de los otros. Sobretodo cuando le pasaba una esponjita por el pubis para lavarle el hedor. Ladio tenía una obsesión por el 21. Eran los minutos que miraba la televisión por día. Entonces se programaba para ver el final de los programas descifrando la trama inicial. Jugaba con 21 cartas, sólo los juegos que se podían jugar, y hasta se sabía un truco de magia. Tenía 21 apilados libros en su cómoda y a las 21 horas de cada noche los recontaba, junto a sus 21 monedas de 10 centavos.

--Acá te dejo los dos pesos con diez--- le decía Dana quien le reponía las moneditas porque a veces le faltaban para los viajes en colectivo.

-- Las 21 de diez centavos.—le corregía.

Aquél verano atroz de humedad lasciva condenaba. Dana le había preparado una torta de chocolinas con dulce de leche y mendicrim. Su favorita. Y al ritmo de las comparsas de carnaval, a las 21 horas luego de revisar la biblioteca, soplaría las velitas pidiendo un deseo. Ladio sabía que pedir. Ya lo sabía. Para quien convive con la vergüenza de estar apartado de todo, nada resulta vergonzoso. El se quería así. Se levantaba con el ánimo de un bebé en el medio del fango. Ella admiraba esa entereza que salía de quien sabe lo que padece. Ese día intuía algo.

Llegó la hora señalada por su obsesiva compulsión. Dana y su hermana se acercaron con lo dulce a su cama cantándole el cumple en francés como solía hacerlo su madre.

--Pedí un deseo antes Ladio--- dijo Dana

---Si con fuerza así se cumple…---le acotó la hermana.

Ladio exhaló el deseo con la fuerza de cien vientos, alzando la mirada hacia ellas con una leve mueca.

---Espero que se me cumpla, voy a morir de pena sino se cumple…--- dijo cayendo la mirada en el escote de la hermana.

--- Bueno…comamos--- cortó Dana el lenguaje no verbal.

El deseo era estar con su hermana. Dana lo sabía. Desde siempre lo supo. No sentía pena por eso y creía que hasta podría ser el regalo para él. Su hermana estaba engarzada. Era menor que él pero sentía curiosidad. Después de la torta, Dana se excusó y salió. Su hermana se sentó a la vera de la cama a leerle unos poemas de Bolaños. Ladio la miraba perdido. Se acercó sigiloso. Le tomó la mano suavemente y le besó fuerte. Era el momento exacto. El regalo anhelado. Las rosas que no espinan. El perfume del encanto. El sabor del chocolate en las bocas que se deseaban. Se sumaron en el revuelco del sueño que se vive, revolcándose. Sonaban las murgas. Ardía la luna anaranjada. Todo fue exacto.

Ella se hizo su regalo. Ella tenía 21 años.

lunes, 21 de marzo de 2011

La fuga

Estaba ya un poco cansado de su vida. Había nacido de la mente de un escritor. Tenía sus partes más fracasadas. Marcos vivía en una novela. Estaba en un relato policial donde siempre aparecía como sospechoso. Se titulaba “Cuestión de fugas”. El era el solitario. El poco sociable. El anti-carismático. El que abría y cerraba los bares. El que no tenía talento. Se había cansado de ser fregado y quería algo distinto. Su condición de víctima la había definido el escritor en la página 23. Casi de entrada y hasta el final tenía esa carga tortuosa. No le otorgaba otro rol que ése. Extrañamente, la compasión de los lectores le daban cierta energía. Cada persona que leía la novela esperaba que él no fuera el asesino. De hecho, no lo era. Tampoco la mucama. Ambos eran los primeros sospechosos. Pero ese deseo en colmena de quienes leyeran el libro, todos pidiendo lo mismo, le sumaban razones suficientes para abandonarlo. Le daban vida. De a poco juntaba fuerza. Había otros personajes de mayor participación en la historia. Sin embargo, Marcos lograba aunar a los pensamientos en uno. Todos sentían pena por él. Veía como las miradas de los lectores se llenaban de tristeza e impotencia a medida que avanzaban en su vida. Pedían que no le pasara eso. Marcos no tenía coraje pero de tanto ser pensado algo le había sucedido. Su creador le había hecho sufrir tormentos, acosos, arrestos violentos y celdas hasta casi las últimas páginas. Marcos estaba decidido a escaparse de la novela. Entonces planeó la fuga. Entre el silencio de las librerías se conocía con la mucama desde la página 34. Se encontraban en la 69. El escritor no les había dado siquiera un pensamiento de amistad. Intrínsecamente estaban unidos por la condena. A Marcos poco le importó. De a poco se convirtió en un actor que sólo aparecía en escena cuando alguien abría la novela. Quería irse. Además soñaba irse con ella. Sabía que podrían salir del libro si encontraban la forma de mantener al menos su color. Cada vez que compraban la novela se preguntaba si tendría alguna chance de huir. Se vendieron cientos de ejemplares. No perdía la esperanza. Una mañana de noviembre, primaveralmente lluviosa, una mujer compró la novela. Al llegar a la boca del subte la mujer resbaló por las escaleras. Su bolso se le fue de las manos. Se vació y cayó el libro hacia el lugar inundado. Era la oportunidad. El día deseado. La tinta se diluía en el agua. Marcos cambió de forma y se marchó junto a su amor. La mujer se repuso, bajó por sus cosas y entre ellas, alcanzó al libro que mostraba varios párrafos en blanco en su interior.
Las partes de Marcos y la mucama se habían esfumado.

lunes, 28 de febrero de 2011

Sepia

Cuando llegó el momento nadie se dió por enterado. La sequía había arrasado al amor desde la raíz misma en aquella chacra. Alguna vez una gitana le había advertido sobre su básica forma de aceptar la realidad como situación a corregir. Sus dolores del alma. Todo en el campo se achicharraba. Grillos disfónicos deambulaban sin luna. Bueyes que ya no danzaban como antes. Si hasta Los ladridos perdieron a los perros. Algunas vacas cambiaron de lado para dormitar y su caballo ya no quería galopar cuando había luna llena. Una huelga de vida asolaba el sitio. Hugo hacía tiempo que estaba a cargo del campo. Su testarudez y su malhumor le llevaron a la ruina. Todos lo percibían. Estaba enojado con dios en un pueblito santo. Todo el pueblo lo estaba con él desde que había enviudado. Era la manzana mordida del edén. De una veintena de changos quedó reducido su personal a dos. Federick, un suizo venido a desmantelar sus tiempos de puntillosa formación. Ayudaba poco y fumaba mucho y vaya a saberse con qué propósito se quedaba. Chavito, un changuito de doce que no tenía sitio donde vivir y se había armado un bunker en el establo, un tanto lejos de los animales para dormirse entre las pajas. Nadie más le acompañaba en esa prisión de hectáreas fértiles y valles encantados. El no las veía desde que había quedado sólo.
Por la hendija del cartero, que sobresalía de boletas para pagar, vió el sobre lacrado, tamaño carta, que se distinguía del resto. Ni recordaba cuanto tiempo había pasado sin recibir una misiva. Se acercó al sobre y muy despacio, luego de ojear el remitente, se animó a abrirlo. La carta venía de su pasado. Le llamó la atención, como suele suceder, que no había pasado el tiempo. Es cuando el recuerdo se hace presente y conduce en un tiempo extraño. Se está en lo vivido, en el presente, creyendo que no se volverá a vivir. La carta era de una amiga de su mujer. Nunca se había acercado a ella sin otro fin que la amistad, pero la misiva le decodificaba los mismos momentos, vistos desde otro cristal. Le reivindicaba su cortesía y su amabilidad. Le recordaba tardes de río y charlas en el muelle, que ciertamente él había olvidado, pero que al traerlas de regreso no se condecían con la forma en que ella las recordaba. Cayó en la sorpresa de quien esperaba un momento distinto en aquél momento. Siempre hay lecturas distintas. Tantas como personas vivan el mismo espacio pero lo real está cercenado a ese lugar y en general detalles mayores no pasan desapercibidos. La cuenta estaba pendiente. El encuentro debía ser. En la carta, ella le contaba el ruido de sus mandatos y la claridad de sus sentimientos. Le escribía acerca de lo mucho que le necesitaba y de lo mal que se sentía consigo misma al saber que la muerte de su amiga le abriera un campo de esperanza. Le comentaba sobre estar al tanto de la chacra, que en algún momento había sido un vergel y un paraíso donde morar y que hoy, era un cementerio de almas pobres y tristes. Le decía lo mucho que deseaba verle y las ganas de olerlo, pues había sido su olor el talismán por el que le recordaba. Hugo estaba azorado. Sus recuerdos y formación no acompañaban a esa realidad escrita. Llamó por Chavito para que preparara su caballo. Quiso verla inmediatamente. El caballo estaba mañoso. Nervioso por naturaleza, no se dejaba montar las noches de luna llena. A Hugo no le importó. Llegada la noche antes de las diez, salió raudamente al encuentro de ella que estaba a tres leguas río abajo en el pueblo. Cruzando el río, el caballo enloqueció por el reflejo de la luna en el agua y lo arrojó hacia las piedras. La montura estaba suelta y Hugo se desnucó. Al día siguiente, nadie en el pueblo lo lloró. Muerte accidental caratuló la policía. Cerró el caso y archivó el expediente. Nadie supo acerca de la mujer que le esperaba.
Esa carta la destruyó Federick.
Para que no hubiera pruebas que lo vincularan. Lo hizo luego de haberla escrito él. Lo hizo sonriendo a boca abierta con sus dientes sepia al desnudo.
Para que quede vengada la muerte de su amante.

lunes, 14 de febrero de 2011

re volvé

Revolvé con tus manos en cuchara,

Endulza mis sentidos.

Renombrá la lujuria,

Quiero canela y miel.

Desayuná mis trasnoches

Con mariposas azules

Revolveme

Revolucioname

Volvé a ilusionarme

Claudicá en mi mitad

Hacéme entero

Dame bravura

Hacete verde donde reposar

Hacelo

No pido

Exijo.

Devolveme amor

Que cuando vuelve,

es toda mi vida por ese simple momento.

jueves, 27 de enero de 2011

centro

toco el centro de tu cuerpo
toco chacras
toco tu olor
toco escribiendo
y toco mi recuerdo
tocándote.

miércoles, 26 de enero de 2011

días

Hay días que pasan sin más.
sin dejar huella aparente.
Son los que marcan el paso del tiempo.
y resultan ser los más intensos.