"Sólo deseo que seas vos quien esté detrás de la cámara tomando el haz de luz antes de que se vaya al infinito".

" No podemos cambiar nada sin antes comprender. La condena no libera, oprime." Jung.
Apareció en un haz de luz por la hendija de la claraboya. Ella cocinaba algo tan rico como le sabía su estado. Se había enamorado de su sonrisa. De lado quedaban cuestiones pasadas. En el living reían las sombras por las ropas dejadas cuando corrían apresurados para llegar al cuarto. La catedral del deseo en donde se erizaban las pieles. Estaban cerca de todas la imperfecciones. Ella, irónica y desenfadada construía un mundo de ensueños. Salvaje en el bosque de cemento. Rescataba el instinto. Rozaba la locura del dar. Inquieta y temible. Sagaz y tierna. Ordenada en el caos. En sus bordes se había instalado él. El, mago sin rumbo aparente. Sólo conocía otros sitios. Daba quedando en deuda y lo daba todo. Sensible y parlanchín. Rey sin reino. Al margen del mundo oficial. No existe la calma en el amor. No se doma. Está paradójicamente suelto. Va de cuerpo en cuerpo buscando refugiarse un poquito de quienes lo maltratan. Quienes prometen en su nombre. Ella cocinaba sin dejar de escuchar, de ver, de pensar. Sobre todo de pensar. El volvía a ella sin dejar de escuchar, de ver , de pensar. Sobre todo de pensar. Juntaban fragancias de jazmín para llenar sus espacios. Almendros y abetos para darle frutos y sombra. A veces volaban. Planeaban sueños tan reales como la realidad soñaba verlos cumplidos. Exquisitamente equivocados. Se espejaban. Se deseaban. Se apenaban. Se negaban. Se desencontraban. Nada fue suficiente para sus esperas.
Cuando el miedo les copó la parada, lo que generó la luz murmuró.
Cuando el miedo les copó la parada, lo que generó la luz murmuró.
--No se merecen el regalo—
Y sólo la hornalla quedó encendida quemando la cena.
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