Me falta. La sonrisa de Chulo que ríe como en un banquete de París en el siglo XV. Rogarles que ordenen el cuarto para que después lo vuelva a ordenar. Repetir cien veces la tabla del 3, sin saber para qué. Escuchar a la directora con su pedagogía demagoga y asentir pensando exactamente lo contrario. Saber quien es puca, picacho, dragon –ball Z, barney, ben 10 y el monigote de moda. Llorar las madrugadas de amoxidal. Curar las frutillitas en las rodillas. Llevar a Reni al dentista aunque le compre un chocolate para convecerla. Contener sus hormonas preadolescentes frente a los de 15. Estudiarme los ríos de Sudamérica, pero en longitud y caudal, y saberlo. Memorizar las canciones de Reik, Camila, daddy yankee y saberlas enteritas. Creerme el rol conciliador y perdonar al verduguito de turno cuando en realidad lo cazaría del cogote a él, a su padre y a su abuelo. Amacarme con Santi, hacer coleadas con la bici con Chulo, tutifruttis con Reni…leerles un cuentito y dormirme sabiendo que me cobijan con las sábanas hablando bajito. Llevar a Reni a la pileta, verla nadar, verla hacer una insípida pirueta por enésima vez. Tomar el tecito con Santi y hablar de sus fantasías. Correr con chulo una carrera hasta el poste y dejarme ganar, ganando. Cocinar jugando al restaurant. Acompañar a Santi al baño, entrar con él y mirar a otro lado cuando hace caca. Besos carpinteros, de delfín, besojos para que cierren los ojitos y rían. Abrigarlos por si las dudas. Contar los fititos y los citrulos. Ir al teatro, al cine, a la exposición de trabajitos del año, a fútbol, a canto, a danzas árabes, al día de la familia, al lago, a las plazas que nos faltan conocer. Los abrazos de Chulo. Los besos de Santi cuando me enojo. Las cartas de Reni. Que me despierten a la mañana y me digan de jugar al juego que dejamos la noche anterior. Embarrarnos. Hacer muñecos de nieve. Me falta todo eso y más. Me faltan mis chiquitos éste domingo, y con ellos, todos los días son domingos.