El tema central era la cena. Mnemóside volvía del mercado. Se había olvidado de comprar canela. Un tiramisú sin canela es como unas gambas al ajillo, sin pimentón. Eso la malhumoró. Entonces, decidió no cocinar esa vez. Zeus, su marido, vivía de malhumor, pasaba las tardes rezongando sus creaciones en el monte Parnaso. Casi siempre sólo. Se decía que quien sólo estaba era un dios o una bestia. No se sabía qué era para él mismo, pero entrar en cólera, le transformaba. Sus hijas, poco ayudaban en la casa. Calíope se la pasaba escribiendo historias de la época y discutía con sus otras hermanas. Polimnia era cultísima pero le gustaba darle un enfoque más sagrado a sus relatos. Clío, tenía otras historias con sus inspiraciones y Talía se mataba de risa de todas, e incluso de su madre y su padre. Erato, Euterpe y Melpómene se trenzaban cada vez que volvían del oráculo de Apolo porque nunca encontraban las palabras exactas para describir la belleza. Uránia vivía en la luna, y a veces se animaba a escribirla. En cambio, Tersícope bailaba la música de los versos, para ella, todo se resolvía a través del cuerpo. Al sentarse a la mesa, Mnemóside se acordó de no haber preparado la cena. Hubo alboroto. Eran diez mujeres recriminándose. De golpe Zeus se paró. Respiró profundo. Se tomó su tiempo de dios. Fue hasta a la puerta y volteó. Las miró fijo y dijo.
--Voy hasta la pizzería de Helicón y pido tres grandes de "muzzas" como la gente y listo.—
--Voy hasta la pizzería de Helicón y pido tres grandes de "muzzas" como la gente y listo.—