de la película "Il postino".
El beso de Klimt...
"Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero."
Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.
Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.
Una vez más, algo la ataba a ese personaje.¿sería quizá una señal del destino en el viaje?,¿un recuerdo de palabras alguna vez escuchado al pasar?. No quería perder esa oportunidad, pero para animarse tenía que cruzar el umbral de la realidad imperativa de lo cotidiano, de lo aprendido, de lo formado. Sofía había tenido una infancia de cambios drásticos. Indocumentada viajaba por la vida sin saber hacia donde, pero sí para qué. Se emocionaba con las cosas simples. Siempre clara en los momentos duros. Vestía las impaciencias de su madre y la ausencia de su padre. Una mirada le descifraba su cara, sus estados, sus búsquedas incansables de ser mejor.
De pronto, al levantar su mochila para tomar el atado de cigarrillos, cayo como planeando una carta. Estaba dobladita en tres partes y al descender parecía un manuscrito medieval. Sofía se agacho a recoger el papel que decía;
“ Te quiero tanto que decirlo resulta poco.” versaba el copete. Sorprendida, quiso leer su autor, anónimo por cierto. A la vez se preguntaba cómo había llegado hasta allí esa misiva. En vano, frunció el ceño, desvió un poco la vista y comenzó a leer.
Es lo más; llevarme tu magia prestada,
tus sueños,
tus libros,
tus búsquedas,
tus palabras,
tu sexo,
tu forma de ser espontánea,
intensa,
inquieta,
sabía que me llevaría a quererte como te quiero.
Tu mirar disperso.
Tus idas y vueltas a nuestro mundo de encuentros.
Tu escucha precisa.
Tu forma de decirme te quiero.
Que aire le das a mi vida!, Que pasión tengo para compartirte!, Que deseo de nadar en el mar de tu piel !.
El escrito no tenía ni más ni menos que eso. Sus historias pasadas fuertes de alcoba habían sido con Lucas, y bien sabía ella, que aquello no lo había hecho él. ¿Quien podría haber sido? De hecho, era una quimera. El sueño de algún pervertido o la fantasía de alguien que ella conocía pero que no se le había dado a conocer. Sin embargo, el anónimo poeta era un fantasma. La conocía. Sabía de su aficción a la lectura, de su debilidad por la canela y hasta sus idas y vueltas a sus diferentes mundos. Hasta allí un enigma propio de un thriller cinematográfico.
La charla con el guarda se cortó. Se desvaneció como un plan de fin de semana en vacaciones.
---¿Ya te vas?--- Le dijo Gabriel rascándose la cabeza como si le picaran bichos.
---Si, si, el micro creo que sale en un ratito--- y agregó--- gracias por todo, nos volveremos a encontrar tal vez---.
---Sólo si el destino así lo quiere--- le prodigó el guarda, y así saludándose de lejos salió del bar dejando el dinero sobre la mesa ante la mirada de los comensales matutinos.
Sofía no paraba. Estaba movida por una ansiosa energía de llegar a la capital y apuraba el tranco entre la gente que pausaba sus pasos. El frío, se estaba yendo con un solcito trabajador que lo doblegaba en cada esquina.
NdeA; paraje de la novela "El color primario".
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