jueves, 30 de abril de 2009

Las palabras que viajan

De paseo, las palabras me contaban que buscaban ser algo. La pieza del puzzle. La que signifique lo que se siente. Entonces me contaban que...


Mercedes las provocaba revelando sus significados. Celes les sacaba fotos a sus esencias. Rayuela armaba sus juegos en el cielo con fragancias de jazmín. Tere las llamaba para acercarlas al corazón. Miralunas las sacaba de los mares de la luna. Ade las coloreaba junto a sus lunas rojas. Deygar las vivía intensamente. Shao las azucaraba en sutilezas simples. Georgina rompía sus esquemas insistiendo con sus significantes. Paola contaba el alma de sus soledades. Esmoris las abrazaba en poesía y jamás querían irse de su lado. Juana las elegía entre las mas osadas y el paladar acanelado. Li las invitaba a tomar el te en su sanyain garden. Cybeles les extraía el coraje para amar y la exquisitez de sus risas. José les daba vorágine y miradas para animarles. Anabel les declaraba su fidelidad y su devoción infinita. Ana Gabriela les daba vuelo azul hacia los girasoles. Siete les daba sus colores en arco iris acuarelados. Nina las resignificaba a medida que llegaban. Lucre y Leo las argentinizaban. Atenea les daba un cafecito con tostadas y dulzura. Julieta les daba aventuras más reales que virtuales… India, Niyume y Vero les preparaban banquetes de emociones para que se empachen…Rolalola, Lisa y Maddie les daban de beber de sus vidas...



Las palabras siempre viajaban hasta ellos. Se hacían sentimientos en el encuentro. En paraditas que resultaban eternas, se hacían luciérnagas y, se instalaban en sus nombres y, renombraban los viajes. Se animaban a andar sin parar. Se iluminaban. Al llegar a mí, sólo me contaban sus andanzas y lo bien que la pasaban juntos.
De lo breve que resultaban sin sus cobijas.

.

lunes, 27 de abril de 2009

Pentagrama.

"Los caminos sin obstáculos a menudo conducen a ninguna parte. Todos los caminos tienen obstáculos más solo al principio, son la preparación del resto del itinerario." Chamalú



Renuncio,
a los amaneceres de resaca
a los amores baratos y a las sacristías
a las carreras de-mentes por ganar
a los sicarios del bienestar espiritual
a los que juzgan diferencias
a la risa comprometida y al llanto contenido
al juzgado de faltas
al que no se la juega en el juego
al tiempo en los relojes
a las palabras que no se dicen
al zumbido de los comedidos
al parámetro del sentir
al ruido del metro que distancia
a los metros de distancias que hacen ruido
a los besos que no estremecen
a los retos premeditados
a morir sin vivir el caminito
a vivir sin jardines ni arte
a lo que ata y no une
a no equivocarme
a todo lo dado sin amor
a no quererte
a no encontrarte en mi música.
Si a Mi La-Do Re-Fa para sentir el Sol.


Ahí va mi pentagrama de renuncia indeclinable.
Para no desandar lo aprendido…

domingo, 26 de abril de 2009

Relatos del sereno de los faros (Mujer salvaje)

"Es intentando lo imposible como se realiza todo lo posible".
Henri Barbusse.

Entrado en una suerte de misterio. Aquella noche le ví preocupado. Envuelto en su gabán negro y con la mirada perdida, el sereno de los faros no contaba de sí mismo. Sus relatos eran él y él era un buscador noble de verdades. Se sabe que quien las busca corre el riego de encontrarlas. Poco hablaba de sus amores. Ese día me contó a donde se había ido su amor.
“Alguna vez , llegado el amanecer y dispuesto a irme a casa, escuché a los perros ladrar. Me llamaban y me contaban de una presencia en la playa. Siempre les hago caso, así que en esa fresca, bajé hasta la costa. Los canes deambulaban entre las rocas hurgando y buscando. Miraban si los seguía. Estaba cansado de tanta vigilia y de llevar el cuerpo conmigo toda la noche. Igual seguí detrás del instinto. Caminé hasta sentir que mis piernas ya no me llevaban. Ahí fue que la ví. Naturalmente me arrodillé ante su majestuosa estirpe desnuda. Me declaré monoteísta en un segundo. A partir de ese instante infinito sería mi diosa. Mis sutilezas y mi atención venerada. Mis verbos del querer. Estaba entre rocas, casi inaccesible, como suelen aparecer las mujeres salvajes. Los perros hicieron su trabajo de encontrarla y se fueron. Cabizbajos y temerosos como si se encontraran frente a una loba. Era una mujer loba del bosque. Estaba en la playa porque necesitó respirar la brisa del mar. Estaba sola y quería estarlo. Me acerqué todo lo que pude sin saber que estaba en sus adentros. Me incorporé de mi pose devota y me senté con la manta al hombro a mirarla. Fue mística y almas que brotaban cuando exhalaba sus vientos . Al respirar nueva-mente salían en bocanadas y en espiral hacia el amanecer. Al dejar partir las cadenas que le condenaban en el bosque de cemento sintió fluir la comunión con las olas. Allí quedó su faz domesticada. Entonces, clavó su mirada en mis ojos, me regaló su más puro amor y sonrió. Mi amor se fue con ella a otro plano. No reclamé devolución. Para qué. Todo lo encontrado se esfumaba a lo sentido. Todo lo sentido se esfumaba frente a aquél encuentro. Ahí lo supe. Supe que era para mí. No desde el sitio de poseerla sino desde el viaje al corazón. Supe hallar a la mujer sabia del bosque. A la que todos temían por saber. A la que consideraban una loca por salvaje...”
.

viernes, 24 de abril de 2009

Relatos del sereno de los faros.(Narcisa y el niño)



"A canto de sirenas oídos de pescadores".
(anónimo)



Al llegar el amanecer dormía. El sereno estaba acostumbrado al cantar de los venteveos madrugadores y al olor a pan recién horneado. En su casa tenía atrapa-sueños y llamadores de viento. Una hamaca paraguaya y una mesita con libros que se dejaban de leer al dormir. Disfrutaba de los amaneceres en una siesta de sueños y deseos. Escaleras abajo la calle se iluminaba de colores. Le velaba el sueño. Corrían los tiempos en otros relojes. En vigilia, casi dormitando, me confió éste relato.
“En su casa las cosas no iban bien. Su madre trabajaba en doble turno y perecía frente al televisor encendido cada noche. El solía escaparse por la ventana y explorar la noche procurando hallar el desvelo de las estrellas. Buscando aventuras. Algunas veces me acompañaba a encender las luces del faro. Disfrutaba de su compañía. Le contaba historias de bucaneros y tesoros. Eso le mantenía en vilo muchas veces. Un día me vió escuchando a la sirena verde. Ella era hermosa. Venía desde las costas de Fiji. Sus abuelas habían querido engañar a Ulises. A un deslumbrado Colón en la Florida y a un encallado Smith en las costas Maleguetas. Ella era el verbo del deseo. La versión del encanto. Narcisa por naturaleza. Luego de sus andanzas por la noche del mar, entradas las madrugadas de luna llena, la diva se recostaba en la playa y cantaba. Recordaba ser estrella. Esas noches yo hacía de su público. A decir verdad, no quería que los marinos escucharan su canto embriagador y chocaran con el risco. Además, Ambos disfrutábamos la velada. Era mi música funcional con la orquesta de olas de fondo. Clareaba su imagen y la luz de luna platinaba en sus escamas. Algunas veces, le alumbraba con la del faro y sentía ser la solista en un escenario de rocas y caracolas. El niño asistió a la fiesta. Estaba ido. Sonámbulo. Caminó hasta la playa para contemplarla. Recién la conocía. Poco tardó en no olvidarla jamás. Sobre todo por la neumonía que pescó cuando quiso irse detrás de ella entre las olas de un mar cómplice que se veía calmo…”

.

Relatos del sereno de los faros. (La amiga)


"Hay una locura, hija de la desesperación, a la que todo debe excusarse."
Honoré de balzac.


Su vida crepuscular le marcaba la palidez y las ojeras. El mar marcaba las olas en sus arrugas. El sereno de los faros contaba historias. Contando vivía. Tanto tiempo había pasado que ni sabía desde cuando hacía que contaba. Su oficio solitario de mala paga se compensaba con la sonrisa abierta de los navegantes que llegaban al puerto. Era conocido en el bar. No bebía antes de encender los faros. Tan sólo una copita antes del alba para dormir con sueños. Solía relatar historias inverosímiles sentado cerca de un arpón del siglo XII y debajo de un mástil del “Sirena verde”. Alrededor, como en un fogón sin fuego, se reunían a escucharle. Era de hablar bajito y cansino y así adentraba a las almas bebedas los relatos fantásticos del mar. Cierta dejadez le emigraba del mundo. Cierta mirada le aclaraba horizontes. Así, alguna madrugada escuché de sus sueños éste relato.
“La ballena angustiada era mi amiga. Ella ya no comulgaba con sus pares, no había vuelto a enamorarse y le escuchaba su pena cuando llegaba octubre. Se instalaba entre la rompiente y los riscos acercándose a la costa lo máximo posible. Ahí, relinchaba el agua y el aire por sus narinas y espantaba a los albatros que carroneaban a la vera de la costa. Sutiles y misteriosas eran sus sumergidas. Duraban poco cuando le hablaba a través de las luces del faro. Teníamos un código. Una luz intermitente era el llamado para charlar. Dos luces, que la observaba. Entonces, al recibir la señal, hacía un circo de piruetas para el asombro. Le aplaudía luego de un ratito y saludaba con su aleta golpeando el agua. Ella sabía de mi soledad, y yo de su pena. Hablando nunca estuvimos solos. Nos curábamos hablando. Contándonos secretos. Así con sus lamentos me confió su amor perdido. Una mañana de primavera junto a su compañero les había sorprendido la avaricia de un barco ballenero. Entonces lo perdió. Como se pierde un tesoro. Debajo de la piel y con arena en el paladar. Ella volvía siempre al sitio del crimen cuando llegaba el frío. Lo hacía, para sentir el enojo y calentarse recordándolo. Me contaba que soltar la bronca le reparaba y la sal del mar se encargaba de cicatrizarle las heridas. Eso me contó con sus sonidos. Agudos como la agonía de estar casi sola. Casi, porque era yo su único amigo...”

sábado, 18 de abril de 2009

Frente al espejo

.

Danzan tus cabellos con el peine
En el aire brotan partecitas de ambos
Provocan remolinos en el alma
Y te cuentan
que
Nos miramos
No dormimos
Nos olemos
No paramos
Nos sabemos
No finjimos
Nos encontramos
No buscamos.
Frente al espejo
Que duplica tu belleza
Aparecen todos tus nombres
Delineando párpados.
Te acordás
Que siendo mujer
En el reloj se esfuman las manecillas
Cuando se enjuagan las horas en sudor
Entonces
Al pintar tus labios
Nadie te quitará lo sentido
Y
La sonrisa.
.

miércoles, 15 de abril de 2009

Imperativo


Revolvé con tus manos en cuchara,
Endulza mis sentidos.
Renombrá la lujuria,
Quiero canela y miel.
Desayuná mis trasnoches
Con mariposas azules
Revolveme
Revolucioname
Volvé a ilusionarme
Claudicá en mi mitad
Hacéme entero
Dame bravura
Hacete verde donde reposar
Hacelo
No pido
Exijo.
Devolveme mi amor
Que cuando vuelve…
Es toda la vida por ese simple momento.
.

martes, 14 de abril de 2009

Encuentros

.

"En ciertos oasis el desierto es sólo un espejismo."
Mario Benedetti


"El encuentro es el inicio del viaje compartido".


Clarita tomaba baños de luna y solía encremarse el cuerpo con una de aloe, algas y coco. Una combinación que la delataba a dos kilómetros de distancia. Pensaba que ese perfume erotizaba a los hombres, quienes en realidad se acercaban más por sus curvas que por otra cosa. Lucas estaba hechizado. Nadie entendía el porqué de su enganche. Pero él, hasta había hecho cálculos ergonométricos y algorítmicos para demostrarlo. Algo propio del que ama y lo justifica. Clarita decidió el encuentro. Un lugar en la costa que se llamaba “trentis” y que era de un músico de los soda. Tenía onda el lugar. Siempre lleno de turistas que disfrutaban de las vistas y de el habitué paquete de Bari. A consecuencia de la fragancia de Clarita, alrededor suyo no se sentó nadie. Es que el hedor era intenso y la paciencia no se resistía por las narinas. Lucas se dejaba llevar por esa fragancia. Le encantaba. Así, el también tenía lo suyo. Le escapaba a la ducha luego de entrenar y no era amigo del shampoo y del jabón. Llevaba consigo un olor a vestuario bien definido. Cuestión que a ella le gustaba. Lo hallaba interesante y varonil. La ecuación de la atracción estaba dada. Estaba dicho que eso se pagaría con sexo inmediato. Casi sin hablar y luego de pedirle un par de chop a la moza, sin beber un sorbo siquiera, se avalanzaron uno sobre otro haciendo como epicentro del chupón la mesita de madera artesanal. Cayeron al piso el servilletero, unos manies en platito, y unas papitas fritas de copetín, llamando la atención aún más de los visitantes. Asombrados , comenzaron un tímido aplauso que terminó en ovación. No se sabía bien si porque se habían animado o porque se iban. De hecho, salieron casi corriendo del lugar. El billete de la cuenta voló del bolsillo a la barra sin escalas, y en primeros segundos se besaron por todos los años pasados de flirteo. Tal calentura enrojeció a la luna llena.
De aquel estado catatónico no se zafaron más. Ese chicle caliente que no se puede sacar cuando se pega, así recorrían las calles del pueblo venido a ciudad que era Bariloche. El color de sus mejillas contaban lo sucedido.
Sofía se vislumbraba día a día. Las luces de la ciudad no descansaban ni de noche. Sus anhelos de alcanzar esa paz tan preciada. De poder disfrutar de sus soledades no deseadas. De cambiar el curso de su devenir. El futuro como un vacío. Como una hoja de papel en blanco como su cara. La que invita a ser llenada y no olvidada en un cesto. Estaba realmente cansada del viaje. Tratando de entender que había sucedido. Como se había generado su partida casi como una huída. Sabía que tenía que encontrar, mas allá de qué vivir, un lugar, un espacio donde ser rescatada. Siempre había imaginado eso. La figura de la conexión total, la del príncipe que enamora a diario, del que la deseara así, siempre. Por otra parte, no paraba de dar vueltas en su cabeza las cartas anónimas de amor.¿ quién podría estar escribiéndole esas misivas? , ¿Quién sino alguien que la conociera?. No paraba de pensar y repensar. Al tiempo en que se cocinaba un salteado de verduras, sonó el teléfono de la casa. Le llamaban de la Terminal. Esa voz le decía que había extraviado un documento. Sofía, inmediatamente revisó su equipaje completo y descubrió que le faltaba el DNI. La persona de la Terminal, se había tomado el trabajo de llamar a Bariloche y hacer las indagaciones correspondientes para dar con su paradero en Buenos Aires. Algo, por cierto, no muy común. Sin perder tiempo salió disparada a la Terminal con Claudio. Al llegar a la boletería, su cara se lleno de asombro. Casi sin quererlo, Gabriel el guarda del tren, flaco y desgarbado se topó con ella.

--Increíble encontrarse acá--- le dijo con el ceño fruncido.
--realmente sí----titubeó Sofía al tiempo en que presentaba a su primo Claudio como su hermano del corazón.
-- Es que al destino se lo traza todos los días, con cosas que hacemos y con las que no hacemos, pensar una posibilidad como ésta hubiera sido una locura total----aseguró Gabriel mientras reía al hablar.
---Algo estará queriéndome decir el destino entonces, porque no creo en la casualidad--- sentenció ella al tiempo en que agradecía a quien le había encontrado el documento.
---Quería conversar un poco con vos--- le dijo en tono serio Gabriel.

Sofía, que tenía un carácter fuerte en la decisión, notó el determinismo del caballero del tren. Miró a claudio, con un gesto cómplice, y le dijo que se fuera. En un santiamén estaban en el café.
Las miradas derrochaban riqueza y sonrisas. La confitería era como un santuario de confesiones. Ahí, Gabriel le contó cómo llego al tren luego de haber estudiado letras en la facultad. Sofía cómo llegó a Buenos Aires después de recorrer tanto verde en su vida. Ahí, juntos, se los veía naturales, como entusiasmados, a las risas urgentes. Tentados por el juego se olvidaron del reloj. Se hizo tarde la noche y se hizo bien de noche. Gabriel, que vivía en San Telmo, se ofreció a acompañarla. Juntos tomaron un taxi que volaba por las calles. Todo se pasó velozmente, fue hasta fugaz como una estrella. Sofía, le agradeció y el al irse le propuso un nuevo encuentro.
Gabriel era un ángel feo. El era mayor que ella. Una diferencia casi imperceptible, pero notoria en el documento. Distintas generaciones se encontraban en un sitio inimaginable. Uno frente al otro. La química que no se explica. La fuerza del deseo que atrae, que corroe las fronteras del límite. Algo les había sucedido. Algo les estaba sucediendo.
NdeA; último paraje posteado de "El color primario". Espero que lo hayan disfrutado.
.

lunes, 13 de abril de 2009

La carta

" Hay cartas que dejan marcas insoslayables en el alma. Besan cada vez que se vuelven a leer".

de la película "Il postino".



El beso de Klimt...


"Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero."
Antoine de Saint-Exupery (1900-1944) Escritor francés.



Una vez más, algo la ataba a ese personaje.¿sería quizá una señal del destino en el viaje?,¿un recuerdo de palabras alguna vez escuchado al pasar?. No quería perder esa oportunidad, pero para animarse tenía que cruzar el umbral de la realidad imperativa de lo cotidiano, de lo aprendido, de lo formado. Sofía había tenido una infancia de cambios drásticos. Indocumentada viajaba por la vida sin saber hacia donde, pero sí para qué. Se emocionaba con las cosas simples. Siempre clara en los momentos duros. Vestía las impaciencias de su madre y la ausencia de su padre. Una mirada le descifraba su cara, sus estados, sus búsquedas incansables de ser mejor.
De pronto, al levantar su mochila para tomar el atado de cigarrillos, cayo como planeando una carta. Estaba dobladita en tres partes y al descender parecía un manuscrito medieval. Sofía se agacho a recoger el papel que decía;
“ Te quiero tanto que decirlo resulta poco.” versaba el copete. Sorprendida, quiso leer su autor, anónimo por cierto. A la vez se preguntaba cómo había llegado hasta allí esa misiva. En vano, frunció el ceño, desvió un poco la vista y comenzó a leer.

Es lo más; llevarme tu magia prestada,
tus sueños,
tus libros,
tus búsquedas,
tus palabras,
tu sexo,
tu forma de ser espontánea,
intensa,
inquieta,
sabía que me llevaría a quererte como te quiero.
Tu mirar disperso.
Tus idas y vueltas a nuestro mundo de encuentros.
Tu escucha precisa.
Tu forma de decirme te quiero.
Que aire le das a mi vida!, Que pasión tengo para compartirte!, Que deseo de nadar en el mar de tu piel !.

El escrito no tenía ni más ni menos que eso. Sus historias pasadas fuertes de alcoba habían sido con Lucas, y bien sabía ella, que aquello no lo había hecho él. ¿Quien podría haber sido? De hecho, era una quimera. El sueño de algún pervertido o la fantasía de alguien que ella conocía pero que no se le había dado a conocer. Sin embargo, el anónimo poeta era un fantasma. La conocía. Sabía de su aficción a la lectura, de su debilidad por la canela y hasta sus idas y vueltas a sus diferentes mundos. Hasta allí un enigma propio de un thriller cinematográfico.
La charla con el guarda se cortó. Se desvaneció como un plan de fin de semana en vacaciones.
---¿Ya te vas?--- Le dijo Gabriel rascándose la cabeza como si le picaran bichos.
---Si, si, el micro creo que sale en un ratito--- y agregó--- gracias por todo, nos volveremos a encontrar tal vez---.
---Sólo si el destino así lo quiere--- le prodigó el guarda, y así saludándose de lejos salió del bar dejando el dinero sobre la mesa ante la mirada de los comensales matutinos.
Sofía no paraba. Estaba movida por una ansiosa energía de llegar a la capital y apuraba el tranco entre la gente que pausaba sus pasos. El frío, se estaba yendo con un solcito trabajador que lo doblegaba en cada esquina.



NdeA; paraje de la novela "El color primario".


.

El desayuno

.

"Un viaje es la necesidad interna de recurrir a olvidar tu pasado."
(anónimo)




.
Al tiempo de escuchar esa música en su cabeza, Lágrimas Negras, sus planes tomaban dirección hacia un devenir más cierto. Le enojaba no haber sido despedida en la forma que se merecía. Había partido sola, como había vivido. Nadie le acompañaba en esta elección y sus dotes de arlequín no le bastaban para montar el circo en escena. A veces, sentía como si su destino estuviera escrito por personas desconocidas, por astrónomos mayas, profetas del oro, sacerdotes egipcios o escritores de tangos perdidos en el mundo de la bohemia. No había una certeza tan válida como su duda. Aún así, su espíritu rebelde sin condición aparente que la motive, la movía de un lado a otro. Le había costado concentrarse en algo específico toda su vida. La contrapartida era haber aprendido por salir de situaciones emocionalmente complejas. Su ausencia de padre, el carácter errático y determinado de su madre, sus amigos de adolescencias tardías y su entorno mutante y sin recompensas. Eso la había formado.
El tren estaba ya arribando a Viedma, la ciudad soñada para ser la capital de la república al estilo de Brasilia, se despertaba de una helada noche y de San Antonio cruzaban obreros tapados de abrigos oscuros y casi sin saludarse por no sacar las manos de sus bolsillos. Eran casi las 7 y el alba pintaba al puerto de actividad parsimoniosa. La barriga le crujía del hambre, y tras un breve sueño estaba dispuesta a resignar algún dinero en comprarse un buen desayuno. Al descender, quiso salir de la estación lo más rápido posible y meterse en un barcito a media cuadra que se veía coqueto. Al entrar al bar, las miradas de todos se le clavaron en su figura como la mira láser de los fusiles de alto impacto. Enseguida le coparon la parada de extraña.
Sofía era bonita. Tenía una belleza que salía de lo normal, era una lindura que invitaba a posserla. Alguien le había confesado que era la más guapa del barrio, y desde aquél momento nunca dudo de su carisma. Se sabía bonita, de cabellos largos y oscuros, siempre con brillo de atracción sexual, de mirada sugerente y de labios mordibles. Estaba vestida como si entrara a un refugio de alta montaña pero, el frío de la mañana y sus pálidas mejillas no le beneficiaban mucho en su aspecto.

---Café con leche, más leche que café….¿ y alguna medialunita para acompañar?--- le sugirió el mozo.
---Si…si….---le contesto debajo del pullover.

Al segundo desvió su mirada y era el centro del lugar. Si bien, su espíritu no era el de llamar la atención en cualquier sitio en donde entraba, esos clientes quedaron a la espera de resolver la intriga.
De a poco la sensación de polaridad se hizo presente. Apareció en escena ese señor un tanto desprolijo a tomar un cafecito en la barra. Se trataba de Gabriel, el guarda tren. Que sorpresa fue para Sofía ver a esa persona que inoportunamente estaba entrando en su vida, sin una razón aparente. Al segundo se persiguió, sintió estar en un lugar incorrecto, como expuesta por la mirada de este hidalgo y desfachatado personaje de historieta o de fábula barata, que lucía horrendo y hablaba como si le brotaran soles de la boca.
Se miraron y al reconocerla, ella, que no era de avanzar en las relaciones, le encaró una tímida invitación. Gabriel accedió con una andar cansino y seguro.

---¿ Está caliente ese cafecito? Mirá que si no, el alma no se entibia---. Le dijo en discurso un poco cursi.
---Si, si al menos un poquito va a entibiar--- dijo ella.
---El destino se hará andando entonces, no?...vas hacia la gran ciudad capital o a buscar un nuevo horizonte en otro lugar?--- Le propinó.
---Creo en que, a ambas cosas---

Entonces, el reloj de arena del destiempo se hizo nido en su garganta. Ya no pudo decir más que le pasaba. Todas las mareas en su mente. Sin timonel ni banderas. Era una barcaza a la deriva en esa mañana de Viedma.

--- Me voy...--- atinó a decir por lo bajo.
--- Ya, terminá ese café…no hay apuro, hacia donde vas, sólo estarás con
vos misma--- dijo Gabriel.

.
NdeA; pasaje de "El color primario".
.