lunes, 15 de junio de 2009

El dueño de los mares


Navegábamos en una canoa descubriendo formas.
---Mirá....¡ese si que es un barco de duendes!--- dijo Giuliano al tomar la foto en la que vió el barco que formaron los troncos... un barco...

"El péndulo de la mente alterna entre sentido y sinsentido, no entre el bien y el mal." Jung.

La vida transcurría entre los sueños. Todo era asombro. Todo era juego. Llegámos luego de una tormenta de rutinas al lugar deseado y al otro día nos juntábamos a reconstruir las bitácoras. El barco era el lugar donde proliferaban nuestras ansias de aventura. Allí, entre tablones de construcción y barro nos ensuciábamos las ropas para estar sanos. Allí se curaban las penitas y éramos todos iguales y distintos. No había berrinches ni play-station. Algún que otro modelo de héroe nos inspiraba a sentirnos más libres. Lo erámos verdaderamente. Con cajones de manzanas y arpillera tendíamos las velas y los palos mayores al garete. En la proa siempre la sensación de que la nave funcionaba. Siempre había un norte. Divertirnos. Aprender. Era nuestro galeón. Le llamábamos “ El dueño de los mares”. Tal vez, eso queríamos ser en una suerte de transferencia sicológica. Teníamos disfraces hechos a imaginación, patas de palo, espadas de madera como sables y un capitán. Para no entrar en discusiones, el capitán era elegido por semana, Así, la nave siempre cambiaba de rumbos constantemente. Recuerdo los acuerdos. Tuvimos capitanes guerreros que querían pelear hasta con los adoquines. Capitanes benévolos que liberaban prisioneros o los incorporaban a la tripulación. Capitanes holgazanes que se sentaban y pedían golosinas y bebidas. Capitanes piratas que debatían sus decisiones con todos y otros que hacían lo primero que se les ocurría sin concenso. Cierta vez tuvimos una capitana que nos hizo limpiar todo el barco y decorarlo con guirnaldas. A la semana siguiente la primera orden del capitán fue sacarlas y ensuciar el barco. A todos se les respetaba la jerarquía. Era lo establecido del juego para acompañar las formas de crecer de cada uno. Cediendo y concediendo. Nadie cuestionaba si estaba bien o mal. Importaba la estructura del juego para seguir jugándolo. Tolerancia. Flexibilidad. Impacto. Fe. Qué distintos se han venido los años luego de aquellos años donde todo se sanaba jugando en un mar imaginario y qué nuevo desafío es hacer navegar a “El dueño de los mares” tan lejos del verdadero mar.


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6 comentarios:

  1. ¡Qué maravilloso es soñar! Yo a un barco de duendes, sólo podría gritar "Al abordaje mis locuaces piratas" ;)

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  2. creo que la vida no siempre transcurre en sueños, sino que ésta posee el privilegio de ser la palabra misma en el sentido más literal del término..

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  3. Yo no tenía barco (ya me hubiese gustado ya, ser capitana (con o sin guirnalda, a saber jaja) y hacer abordajes en mares ignotos. Yo tenía una varita mágica que mi abuelo me hizo con una vara de avellano y lo que nunca faltaron fueron aventuras y desventuras. Gracias por destapar el tarro de los recuerdos : ) Un abrazo a babor y otro a estribor, para no desequilibrar

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  4. Habrá que inventar nuevos juegos, o recordarlos;en algún momento aparecerán, salidos de lejanas improntas, y "El dueño de los mares" volverá a navegar.En otros mares, con tripulación amotinada(tal vez), pero navegará.

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  5. Genial! me gustó mucho. Recordar los tiempos en que eran personas llenas de juventud y diversión.

    Saludos, Nos leemos

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  6. hola y la frase "El péndulo de la mente alterna entre sentido y sinsentido, no entre el bien y el mal". que significado tiene para ustedes.?

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