martes, 6 de julio de 2010

Fabiano

“No tengas prisa, el tiempo es algo que quedó atrás”. Aute.
Fabiano es un amigo atemporal. En mí vive en el recuerdo permanente. El vive al pie del reloj. La hora que determina los quehaceres. Rara vez cena después de las 10 de la noche y cuando lo hace se pone de malhumor. Ordenado es su apellido. Da la sensación de que nada le ha sucedido desde que lo conocí. Sé que no está igual. Se casó. Tiene una hermosísima hija y una leal compañera de ruta. Un trabajo que cumple con creces. Casa. Auto. Progreso medido en términos económicos. Una perlita del sistema. Tuve la oportunidad de verlo en la costa. Distendido. De vacaciones. Y compartimos una charla acerca del tiempo.
---La verdad es que estamos acá para sobrevivir y tener lo mejor. La mejor mujer, la mejor escuela para la nena, la mejor casa, el mejor status. El tiempo se invierte en eso. Son las 11. Ahora a las 2 vamos a almorzar. A las 3 están los títeres y a las 5 hacemos unos mates…—Aseguraba mientras descifraba mi mirada ida.
Antes de contar lo que contesté, debería hacer una salvedad. Jugué ese juego algunos años. Convencido. Hoy siento que ésta forma de ver la vida no vale tanto la pena.
--- Traé el mate ahora.¿Porqué planificás las ganas?. El tiempo que uno desea no está en los horarios. No está en el “te quiero para siempre”, ¿qué sabés que te va a pasar mañana?. Salvo que hayas leído algo que no se ve. Te creería porque a mí me pasó y me pasa con el destino. Siquiera el tiempo del deseo está en el momento en que te digo ésto. Hoy estamos en una matriz real. Aunque la película sea un hecho virtual. Me parece que crea parámetros de supervivencia. Te aleja de la naturaleza de la emoción. Seguro que si te parás a ver la luna ésta noche no aguantás el frío y la bruma.--- dije riendo.
---y claro…vos sos un tipo más sensible. Si no te conociera creería que estás fumado. A mí eso no me importa.— dijo mientras se bronceaba en la orillita.
Entonces entendí. Es un orden de prioridades pero con bases diferentes. A dónde se habían endurecido sus emociones. Quién se las tragó. Qué lo motivaba. Planteaba supervivencia y yo vivencia. Para mí no había pasado el tiempo porque no veía sus cambios. Nunca los hubiera visto si la perspectiva en mí no cambiaba. El mar se enturbió a marrón en La Lucila, cosa que podría ser normal por la influencia de corrientes del río de la plata, pero, justo en ese momento. Algo que el no vió. Un momento en que cada uno disfruta en otros planos. En otros tiempos de ser. El mar de los amigos que nombra el sentimiento pasado.
En el presente con olas que se sienten por historia.

4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho este texto, es muy cierto lo que escribes....
    Saludos!!!

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  2. Excelente. Un tema que nos toca a todos. Ahora o después. Guiño.

    Volvé cuando puedas.

    Saludos.

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  3. leve infelicidad, la felicidad tan ordenada, no?
    lindo texto.
    con una salvedad: algunos bichos urbanos seguimos siendo sensibles a la luna y al cambio de color en el mar, por suerte.

    besojos
    (su blog no me recibe hoy, pero ya sabe quién soy, claro)

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