martes, 27 de julio de 2010

La chicharra

Estaba definido que lo suyo sería destino. El tiempo detonaba las vocaciones. En la cocina todo daba vueltas. Mientras ponía la pava y maduraba el cedrón, la garúa insistía en dejarlo tendido y al margen de su catre. Beto tenía casi cincuenta años y unos tantos más llevaba de mozo. Sus rutinas doradas cambiaban con la costumbre de todos los días. Las que a veces cuestan y hacen que la vida sea rutina vacía de contenido. Sus mañanas comenzaban de madrugada en Morón. Ahí donde había nacido y en la calle que lo parió supo hacerse una casita de madera en el fondo de lo de su vieja. Estaba perseguido por una suerte esquiva. Jugaba al quini para salvarse de la pena. A no ser por sus hijos, hubiera sido otro en otro sitio. La fábula y la creencia que se ve en el afuera y en donde nunca se está realmente. Trabajaba en una confitería de la terminal. Allí la vió. Desde siempre la guardo en su fantasía desde el primer momento. Miriam trabajaba en una boletería de omnibus que viajaban al norte. Ya había adaptado el personaje de quien trata con gente del norte. Pausado, con algunos lunfardos. La chicharra que avisaba la salida de los coches de larga distancia sonaba casi sin parar durante todo el día. Cada vez que Beto le acercaba un café, en su glamorosa bandeja plateada, y con el trapito rejilla en su mano derecha, todo diálogo sucumbía en el sonido interruptor de la chicharra. Quince años estuvo para decirle que hermosa mirada tenía. Diez más para acompañarla a la parada. Cinco más para decirle te quiero. Tres para darle todo su corazón.
Casi sin tiempo se evaporó la pasión que los hizo callar. En aquél consultorio del ornitorringólogo sólo escuchaban a sus cuerpos. A falta de escucha, sólo se hablaban con la mirada.

4 comentarios:

  1. Qué bien narrada esta historia, te felicito, me voy con una mezcla de melancolía y sonrisa.

    Saludos
    Jeve.

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  2. los ojos hablan y escuchan, mejor que bocas y oídos.

    y ganó el amor! bien por eso!

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  3. ¡Un amor que no se aturdirá con alarmas ni sirenas!
    Lindo, Sereno lindo

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  4. Bien Sereno, parece que con el tiempo las consecuencias del amor insalubre por no dicho, del mismo modo que el trabajo, muestra sus consecuencias

    Beijos

    Estercita

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