lunes, 31 de octubre de 2011

Sofía

A la mañana siguiente sintió el aire fresco y húmedo de la ciudad en la pesadumbre de sus ojeras. Mientras desayunaba unos mates sin hacer mucho barullo revisó un diario del día anterior buscando trabajo. La cuestión era conseguir algo urgente y más o menos honorable. Había cerca de ahí, una inmobiliaria pidiendo una recepcionista. Le pareció aceptable, a sabiendas de que dispondría de algún tiempo para hacer sus muñecos de lana que le demandaban mucho tiempo en la confección. Sus manos tenían el oficio del artesano que trabaja y emprende y sus ideas armaban muñecos de fantasías francamente increíbles. Así que, con decisión y buena vibra fue a la entrevista de la inmobiliaria. Había tres personas aguardando y el entrevistador era el dueño. El vaho reinante y el aroma a tabaco fue el impacto de la presentación. Un hombre abrió la puerta, fumador de pipa y obeso, con sus manos brillantes de anillos de oro y cadena gruesa haciéndole juego. Vestía una camisa prolijamente planchada de color rojo y tenia el pelo largo y atado de colita. Cacho, como se lo conocía, era realmente un personaje del negocio y de la noche. Al minuto quedó sorprendido por Sofía, y en cuestión de segundos luego de mirarla de forma examinadora, despachó a las otras postulantes sin siquiera hablar una palabra con ellas.

---Mirá, no me interesa mucho si sabés o no de ésto. Lo único que veo en vos es que tenés ganas de aprender, y eso para mí es suficiente---dijo Cacho como si fuera un gurú y agregó…
---Por algo soy el rey de los negocios. Reconozco perfectamente un diamante cuando lo veo---

Sofía no había dicho ni su nombre y se encontraba llenando un legajo de ingreso observando la cara larga de sus dos compañeros de trabajo que corrían al ritmo de Cacho. No podía dejar de resultarle mas extraño el asunto. Ya había encontrado trabajo y ni siquiera sabía cuanto tiempo iba a estar ahí, cuanto ganaría en dinero, cuales eran sus tareas, ni como debía vestirse para asistir a la inmobiliaria. Cacho no se desprendía de la sanguijuela que le representaba el diminuto celular en su oreja. Sofía no se animó a interrumpirle la conversación con diferentes clientes, ya que ningún empleado lo cortaba. Y de mirar se aprendía rápido. La escena en la inmobiliaria se repetía constantemente. Nadie entraba al lugar. Era un sitio viejo y olvidado, con muebles monocromáticos y fuera de moda. La radio sonaba de fondo y los muchachos se reían de los comentarios del locutor. No había música, en la radio solo noticias y opinión. Llegó el mediodía sin pausa y se hablaron para tomarse el horario de almuerzo. Sofía sentía la chatura del lugar. Le daba pánico encontrarse en unos años al lado de Cacho. Pero a la vez le pareció que todo era muy natural. Ella era un verdadero lingote de oro en un lodazal de puercos. No podía dejar de sobresalir. Cacho la observaba fijamente, como hasta deseoso de tenerla. Sofía empezó a escribir de la nada y así se fue en horas su primer cuento corto.


(paraje del color primario)

1 comentario:

  1. me gusto.. ojala sofia siga teniendo tiempo para sus cuentos cortos..:) buena semana!

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