lunes, 1 de marzo de 2010

mensajito


Mensajito sorpresa. La convocatoria animaba. Charla de café a la hora del almuerzo mientras la ciudad rugía su rutina de la semana. En Buenos Aires, el aire ya no es tan bueno como antes y el gentío agobia. Se agolpaban, como siempre, personas de trajecito por la zona y faldas de encaje solemne zigzagueando. Estaba en callao y Lavalle. Surge ahí un pasaje en diagonal dedicado al célebre Enrique Santos Discépolo. Me preguntaba si la gesta de ese personaje del tango no era más importante que la figura del General Lavalle. La historia a veces juzga mal, y pone al creador a la altura del obstinado. La paradoja es la metáfora irónica de la vida. Respeto el llamado de un amigo. Provoco una pausa activa en las actividades. Un paro por tiempo indeterminado. Necesitaba cortar con los asuntos para ocuparme de vivir. Sólo y simplemente para hablar de cosas mundanas, pequeñas y grandes anécdotas y proyectos. Caminé varias cuadras para estacionar y luego para conseguir las benditas fichas del parquímetro. Buenos Aires tiene un ritmo frenético. Me acompasé al ritmo de la gente y casi terminé corriendo. Llegué tarde, por supuesto. Me recibió mi amigo con una sonrisa y un abrazo. Café martinez, una licencia más de esas que prometen negocios, era el sitio convenido. La consigna era salir de la rutina del stress por un momento. Pasamos entonces por la familia, los proyectos, los amores y las cuestiones del vivir. Como siempre lo hacemos. Nos reimos a carcajadas de la conexión. Estábamos bien. Estábamos en el lugar que queríamos estar. Hacíamos cierto hechizo para que nuestra amistad no sucumbiera en la rutina de no verse. Hacía tiempo que no lo haciamos. Empezamos hablando de eso. Terminamos igual. Los encuentros son lo mejor. Uno puede autorrealizar su historia haciendo lo que le gusta y como toda costumbre, creo que en algún sitio eso provoca agobio o saturación. Hablamos de eso. Como cuesta encontrarse en la ciudad. Combinar los horarios, las ganas, las intenciones de estar y el lugar. A veces la previa demanda un verdadero esfuerzo. Esta vez salió fácil. De una. Con la frescura de lo natural. Guiados tal vez por el deseo de compartir una charla que sirva para entender algo nuevo para aprender. Me convertí en un envase repleto de sueños e ilusiones. Me encantó sentirme así. Cerca de lo que realmente tiene valor, de lo que dignifica, de lo que estamos hechos, de la sensibilidad que acompaña. Le entramos a un par de ensaladas griegas que si los griegos no nos quisieran por eso los entendería. Mal se almuerza en el centro. De todos modos, no era lo importante. Nos empachamos de energía y eso genera ser mejores además de traer al sueño con el recuerdo latente.

7 comentarios:

  1. Sereno, tu modo de describir esos detalles del cotidiano te transforma en un cronista de la vida.
    ...Hacíamos cierto hechizo para que nuestra amistad no sucumbiera en la rutina de no verse... en una frase lo que tantas veces pienso con respecto a algunas amigas, pero hasta hoy no supe decirlo.


    Besotes

    Estercita

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  2. Inmejorable relato Sereno!
    Si hasta se sintió ese calor de bs as que mata.

    Abrazo

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  3. Mr, este reencuentro me ha recordado tanto a los que se dan en Mr. Jones Country, que por un momento me he imaginado en tu Buenos Aires, al que solo conozco en fotografía y cine, paseando, buscando un café donde sentarme a compartir un tiempo en activo parado para vivirlo y encontrarte en otra mesa igual, con sonrisa en boca y soledades compartidas.
    Me tienes de un poeta esta semana...
    LADY JONES

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  4. Uno de los mejores placeres de esta vida, plasmado con alma... Bien hecho, Sereno!

    Besos mil!

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  5. Que lindo Sereno, a veces esos pequeños momentos son como caricias, como los necesitamos. Claro que sólo vos sabés pintarlos con tus letras.
    Me encantó.

    Te dejo un bso grande y todo mi cariño.;-)

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  6. Empacharse de energía
    Digerir buenos recuerdos
    y sentir hambre de nuevo ...
    Y comer más charla y asimilar su alimento
    y crecer proyectando sueños.
    Buen menú contra la indigesta rutina.
    beso,

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  7. Encantador relato, me gustan los detalles de la vida misma.

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