Lavar la tierra de otros ayeres.
Mirar la cáscara y reír
Ver al ácido que se cuece suave y se endulza
Y cambia el sabor del sin sabor
el brote amargo de crecer,
a pesar de todo,
a partir de todo.
No fueron obstáculos la sequía y el viento.
Fueron amigos reales del nacimiento.
Aquél día en que fue noche todo el día,
intenté no llorar y lloré más todavía.
Tu puñal hincó impotencia en las capas
y en mis arcones de memoria compartida.
Aquello no era una cebolla
Aquello fue mi corazón
que se partió en mil mitades.
En mil partes esparcidas.
domingo, 20 de noviembre de 2011
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¿...Y qué hago yo ahora, que tengo que pelar unas cebollas?????
ResponderEliminarUn beso y unas cuantas lágrimas!
Es precioso, la cebolla siempre me hace llorar, y a veces vomitar. Besos
ResponderEliminarqué poema más divertido (y tierno!). Me ha gustado mucho tu blog, me irás viendo!
ResponderEliminarG.
Me ha gustado llegar hasta aquí y he disfrutado leyéndote.
ResponderEliminarCon tu permiso, me quedo cerquita.
Un fuerte abrazo.