domingo, 6 de noviembre de 2011

El lector de almas.

El día en que Genaro se presentó a mi puerta algunos pájaros le acompañaban los pasos trinando. Eso fue lo primero que me llamó la atención. Los pájaros callan cuando hace calor y éstos callaron cuando el les chistó. Hacía mucho calor. El gomoso calor de Buenos Aires que se impregnaba en la piel y corroía los huesos y la paciencia una vez más. Entre tanta humedad y desentendimiento urbano se apersonaba en el portal ese tipo que vestía una mirada cansina y un ceño fruncido. Todo exquisitamente combinado con un traje oscuro de tiro largo parecido a aquellos que se apreciaban en las fotos sepias de los comienzos del siglo pasado. Sin mucho preámbulo, ni anunciando porqué o cómo había llegado, el trajeado disparó sin anestesia.
--Leo las almas—
Mi imagen le aclaró una vez más todas las respuestas reiteradas a esa afirmación. Evidentemente me traspasó un escalofrío y quedé un tanto helado en el calor de la siesta.
--Mire, mi oficio es un tanto difícil de comprender. Luego de algunos años evadiéndolo decidí lanzarme de lleno a lucrar con ésto. Si bien mi vida fue un infierno, porque imagínese que saber las almas es un tema de lectura real de las personas, aprendí mucho y ahora vuelco esa experiencia casa por casa.--- dijo confiado y tranquilo.
--No deja de sorprenderme. No todos los días viene alguien a llamar a la puerta con semejante propuesta.---dije rascándome la cabeza y tratando de no reír de la bizarra situación. Sin embargo, Genaro seguía ahí impávido a mis comentarios como si ya supiera lo que le iba a decir.
--¿Bueno, cuanto cobra?-- pregunté tímidamente.
-- Tengo una tarifa plana para los iniciados. A medida que sume más almas que leer le bonifico el precio. Al cuarto candidato que me refiera, su lectura, no se la cobro.--- aclaró.
--Interesante… y…¿ si estoy sólo?---
--En ese caso le leo, si ud. siente que le va a servir me paga. Aunque me crea delirante, eso es lo primero que leo.---
---No entendí, ¿qué cosa?--- indagué
---Si el candidato no tiene voluntad de pagarme… eso lo sé de antemano… porque eso lo leo para mí.---
---Claro… bueno, empecemos.---
---Está bien, caminemos entonces.---
Los pájaros le seguían como la estela de un cometa. Genaro comenzó a contarme acerca de mi alma. El trayecto se hizo infinito. Las sombras se nombraron en sus palabras. Sólo recuerdo el ruido de las piezas al encajar en mi rompe-cabezas.

1 comentario:

  1. Espero que tarde mucho genero en pasar por acá, todavía tengo varios tangos por bailar, y aunque me guste los pájaros, no quiero escucharlos en todo momento.
    Linda historia Sereno.
    A mi libre interpretación.

    Un abrazo!

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