jueves, 9 de abril de 2009

La sonrisa sepia


.Cuando llegó el momento nadie se dió por enterado. La sequía había arrasado el amor en la chacra. Alguna vez una gitana le advirtió su básica forma de aceptar su realidad como situación a corregir. Sus dolores del alma. Todo en el campo se achicharraba. Grillos disfónicos. Bueyes que ya no danzaban como antes. Los ladridos perdieron a los perros. Algunas vacas cambiaban de lado para dormitar y su caballo ya no quería galopar cuando había luna llena. Una huelga de vida asolaba el sitio. Hugo hacía tiempo que estaba a cargo del campo. Su testarudez y su malhumor le llevaron a la ruina. Todos lo percibían. Estaba enojado con dios en un pueblito santo. Todo el pueblo lo estaba con él desde que había enviudado. Era la manzana mordida del edén. De una veintena de changos quedó reducido su personal a dos. Federick, un suizo venido a desmantelar sus tiempos de puntillosa formación. Ayudaba poco y fumaba mucho y vaya a saberse con qué propósito se quedaba. Chavito, un changuito de doce que no tenía sitio donde vivir y se había armado un bunker en el establo, un tanto lejos de los animales para dormirse entre las pajas. Nadie más le acompañaba en esa prisión de hectáreas fértiles y valles encantados. El no las veía desde que había quedado sólo.
Por la hendija del cartero, que sobresalía de boletas para pagar, vió el sobre lacrado, tamaño carta, que se distinguía del resto. Ni recordaba cuanto tiempo había pasado sin recibir una misiva. Se acercó al sobre y muy despacio, luego de ojear el remitente, se animó a abrirlo. La carta venía de su pasado. Le llamó la atención, como suele suceder, que no había pasado el tiempo. Es cuando el recuerdo se hace presente y conduce en un tiempo extraño. Se está en lo vivido, en el presente, creyendo que no se volverá a vivir. La carta era de una amiga de su mujer. Nunca se había acercado a ella sin otro fin que la amistad, pero la misiva le decodificaba los mismos momentos, vistos desde otro cristal. Le reivindicaba su cortesía y su amabilidad. Le recordaba tardes de río y charlas en el muelle, que ciertamente él había olvidado, pero que al traerlas de regreso no se condecían con la forma en que ella las recordaba. Cayó en la sorpresa de quien esperaba un momento distinto en aquél momento. Siempre hay lecturas distintas. Tantas como personas vivan el mismo espacio pero lo real está cercenado a ese lugar y en general detalles mayores no pasan desapercibidos. La cuenta estaba pendiente. El encuentro debía ser. En la carta, ella le contaba el ruido de sus mandatos y la claridad de sus sentimientos. Le escribía acerca de lo mucho que le necesitaba y de lo mal que se sentía consigo misma al saber que la muerte de su amiga le abriera un campo de esperanza. Le comentaba sobre estar al tanto de la chacra, que en algún momento había sido un vergel y un paraíso donde morar y que hoy, era un cementerio de almas pobres y tristes. Le decía lo mucho que deseaba verle y las ganas de olerlo, pues había sido su olor el talismán por el que le recordaba. Hugo estaba azorado. Sus recuerdos y formación no acompañaban a esa realidad escrita. Llamó por Chavito para que preparara su caballo. Quiso verla inmediatamente. El caballo estaba mañoso. Nervioso por naturaleza, no se dejaba montar las noches de luna llena. A Hugo no le importó. Llegada la noche antes de las diez, salió raudamente al encuentro de ella que estaba a tres leguas río abajo en el pueblo. Cruzando el río, el caballo enloqueció por el reflejo de la luna en el agua y lo arrojó hacia las piedras. La montura estaba suelta y Hugo se desnucó. Al día siguiente, nadie en el pueblo lo lloró. Muerte accidental caratuló la policía. Cerró el caso y archivó el expediente. Nadie supo acerca de la mujer que le esperaba. Esa carta la destruyó Federick. Para que no hubiera pruebas que lo vincularan. Lo hizo luego de haberla escrito él. Lo hizo sonriendo a boca abierta con sus dientes sepia al desnudo. Para que quede vengada la muerte de su amante.


.A petardy,

10 comentarios:

  1. Esto si que es un verdadero premio. Te lo agradezco de todo corazón. Besos sinceros desde Petardylandia.

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  2. Oh! Pero qué perverso! Me parece que alguien me contó un hecho similar, en una tarde de café bajo una glorieta de jazmines...

    Un beso!

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  3. elserenodelosfaros9 de abril de 2009, 15:52

    petardy, de nada.
    beso,

    rayu, te acordaste!!!!. Mi estimada complice, gracias por recordar la historia.

    besos,

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  4. Sereniuks...ya te puse de lo que yo me acuerdo esa borrachera que escribí....te aviso, primera llamada...jajajajaja
    sospecho que no tiene lo que esperabas...!!

    tu me diras...

    besito =)

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  5. Cómo me gusta tu estilo. Narras estundamente, y sabes mantener el suspense. Me ha gustado la imagen del final: sonriendo a boca abierta con sus dientes sepia al desnudo. Me dan escalofríos sólo de pensarlo.
    Saludos desde La ventana de los sueños, blog literario.

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  6. Hola!
    Aquí me tienes, como siempre, a ponerte un comentario... últimamente no te comento todas las entradas, no pienses que me olvido de ti, es que estoy de vacaciones lejos de casa y con un sólo ordenador para 15 personas...
    Besos,
    *Lisa*

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  7. Que buen hilaje que tenés para la narración. Muy visual esta historia. Recordé aquello de que "me lo dijo un gitana"...
    Beso grande para vos, nos seguimos leyendo.:-)

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  8. elserenodelosfaros10 de abril de 2009, 09:07

    Lili; sospechas bien. ojala la hayas pasado bien.
    beso,

    Anabel; Gracias. la idea era crear cierto disloque al final.

    beso,

    Lisa; gracias, a ver si se ordenan para usar ese ordenador. Ojalá no les ordene que hacer...

    Pasala lindo, beso.

    Adrianina; hay gitanas que aciertan, hay vidas que se viven errando. Otras viven errantes.

    beso y gacias.

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  9. A la semana una mujer vestida de negro se acercó al muelle, llevaba una flor que una vez Hugo le prendió en el pelo. Ella sabía toda la verdad, su mejor amiga le confesó sus sentimientos hacía Frederick, ella en cambió no le pudo ser sincera sobre los sentimientos que tenía hacía Hugo. Así que una tarde de verano, se acercó a casa de su amiga, no tuvo ninguna posibilidad, arremetió contra su vida. Hugo, sería para ella, pero al ver como cambió Hugo, se dio cuenta que él nunca sentiría lo mismo que sentía ella por él y que todo había sido un error. Tiro la flor al rio y vio como se alejaba, y ella sí que le lloró por él.

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  10. elserenodelosfaros10 de abril de 2009, 12:51

    Atenea, otro final de la misma historia. Secretos guardados enquistan obsesiones. Tal vez...tal vez...algún día volvería Federick a su amor ensortijado en otros planos.
    besos.

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