viernes, 24 de abril de 2009

Relatos del sereno de los faros.(Narcisa y el niño)



"A canto de sirenas oídos de pescadores".
(anónimo)



Al llegar el amanecer dormía. El sereno estaba acostumbrado al cantar de los venteveos madrugadores y al olor a pan recién horneado. En su casa tenía atrapa-sueños y llamadores de viento. Una hamaca paraguaya y una mesita con libros que se dejaban de leer al dormir. Disfrutaba de los amaneceres en una siesta de sueños y deseos. Escaleras abajo la calle se iluminaba de colores. Le velaba el sueño. Corrían los tiempos en otros relojes. En vigilia, casi dormitando, me confió éste relato.
“En su casa las cosas no iban bien. Su madre trabajaba en doble turno y perecía frente al televisor encendido cada noche. El solía escaparse por la ventana y explorar la noche procurando hallar el desvelo de las estrellas. Buscando aventuras. Algunas veces me acompañaba a encender las luces del faro. Disfrutaba de su compañía. Le contaba historias de bucaneros y tesoros. Eso le mantenía en vilo muchas veces. Un día me vió escuchando a la sirena verde. Ella era hermosa. Venía desde las costas de Fiji. Sus abuelas habían querido engañar a Ulises. A un deslumbrado Colón en la Florida y a un encallado Smith en las costas Maleguetas. Ella era el verbo del deseo. La versión del encanto. Narcisa por naturaleza. Luego de sus andanzas por la noche del mar, entradas las madrugadas de luna llena, la diva se recostaba en la playa y cantaba. Recordaba ser estrella. Esas noches yo hacía de su público. A decir verdad, no quería que los marinos escucharan su canto embriagador y chocaran con el risco. Además, Ambos disfrutábamos la velada. Era mi música funcional con la orquesta de olas de fondo. Clareaba su imagen y la luz de luna platinaba en sus escamas. Algunas veces, le alumbraba con la del faro y sentía ser la solista en un escenario de rocas y caracolas. El niño asistió a la fiesta. Estaba ido. Sonámbulo. Caminó hasta la playa para contemplarla. Recién la conocía. Poco tardó en no olvidarla jamás. Sobre todo por la neumonía que pescó cuando quiso irse detrás de ella entre las olas de un mar cómplice que se veía calmo…”

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7 comentarios:

  1. Dentro de un ratito me voy a ir a pasear a la orilla de mi mar rebelde, no creo que pueda ver ninguna sirena, pero por intentarlo no va a quedar : ) Un abrazote largo y dos cortos, a ritmo de destellos

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  2. Ya lo has vuelto a hacer: has conseguido que entrara en ese mundo de olas mágicas! Pero no he querido mojarme para evitar el mismo final... ;-)

    Besos mediterráneos!

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  3. Resistirse al canto de las sirenas es desoír la incertidumbre de lo que nos trae el mar, que, con frecuencia, son secretos anhelados y perseguidos por nuestra naturaleza. El riesgo de rendirse a su canción es un juego de niños comparado con la desgracia de no acercarse a la orilla para descubrir... ¿Representará esa sirena, verdaderamente, el temor a conseguir lo que queremos?...
    Abrazos de oídos arriesgados...

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  4. Otro encuentro, no importa si es el mar o no, el paisaje no define el encuentro, sino las personas, en este caso una de ellas, una sirena.

    Interesante blog

    saludos

    Maria Pia

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  5. La Sirena me recuerda un Mujer Salvaje...cuidado!

    Besitos, Sereno!

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  6. Qué suerte escuchar el canto de una sirena! pero cuidado amigo que son muy peligrosas y no solo por su belleza sobre todo por su dulzura.

    Un beso Sereno desde la orilla.

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  7. elserenodelosfaros26 de abril de 2009, 17:53

    Shao; jajajjaja... buena observación. Te dejo otros.

    Mer-c, hermoso posteo el de mediterraneo. gracias, pero mojate los pies y tapate los oídos.

    beso,

    Raquel, tenés razón. quien no corre riesgos no vive y si se tratara de un riesgo inminente la pregunta sería...¿ porqué tenemos miedo a equivocarnos sin después de todo es la mejor forma de aprender?

    besos,

    María pía, gracias por pasar. espero que te siga resultando interesante las visitas.
    un beso,

    Rayu; se que me cuidás. De todas formas prefiero esa mujer.
    besos,

    Juana, de allí que me encante esa mujer. No olvides que soy serpiente...

    besos,

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