viernes, 24 de abril de 2009

Relatos del sereno de los faros. (La amiga)


"Hay una locura, hija de la desesperación, a la que todo debe excusarse."
Honoré de balzac.


Su vida crepuscular le marcaba la palidez y las ojeras. El mar marcaba las olas en sus arrugas. El sereno de los faros contaba historias. Contando vivía. Tanto tiempo había pasado que ni sabía desde cuando hacía que contaba. Su oficio solitario de mala paga se compensaba con la sonrisa abierta de los navegantes que llegaban al puerto. Era conocido en el bar. No bebía antes de encender los faros. Tan sólo una copita antes del alba para dormir con sueños. Solía relatar historias inverosímiles sentado cerca de un arpón del siglo XII y debajo de un mástil del “Sirena verde”. Alrededor, como en un fogón sin fuego, se reunían a escucharle. Era de hablar bajito y cansino y así adentraba a las almas bebedas los relatos fantásticos del mar. Cierta dejadez le emigraba del mundo. Cierta mirada le aclaraba horizontes. Así, alguna madrugada escuché de sus sueños éste relato.
“La ballena angustiada era mi amiga. Ella ya no comulgaba con sus pares, no había vuelto a enamorarse y le escuchaba su pena cuando llegaba octubre. Se instalaba entre la rompiente y los riscos acercándose a la costa lo máximo posible. Ahí, relinchaba el agua y el aire por sus narinas y espantaba a los albatros que carroneaban a la vera de la costa. Sutiles y misteriosas eran sus sumergidas. Duraban poco cuando le hablaba a través de las luces del faro. Teníamos un código. Una luz intermitente era el llamado para charlar. Dos luces, que la observaba. Entonces, al recibir la señal, hacía un circo de piruetas para el asombro. Le aplaudía luego de un ratito y saludaba con su aleta golpeando el agua. Ella sabía de mi soledad, y yo de su pena. Hablando nunca estuvimos solos. Nos curábamos hablando. Contándonos secretos. Así con sus lamentos me confió su amor perdido. Una mañana de primavera junto a su compañero les había sorprendido la avaricia de un barco ballenero. Entonces lo perdió. Como se pierde un tesoro. Debajo de la piel y con arena en el paladar. Ella volvía siempre al sitio del crimen cuando llegaba el frío. Lo hacía, para sentir el enojo y calentarse recordándolo. Me contaba que soltar la bronca le reparaba y la sal del mar se encargaba de cicatrizarle las heridas. Eso me contó con sus sonidos. Agudos como la agonía de estar casi sola. Casi, porque era yo su único amigo...”

9 comentarios:

  1. Agridulce y misteriosa historia.
    Me impactó este pasaje "Ella volvía siempre al sitio del crimen cuando llegaba el frío. Lo hacía, para sentir el enojo..." Es fuerte.

    Besos, felices sueños.:-)

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  2. "Ella ya no comulgaba con sus pares..." Tu ballena también es mi amiga.

    Te dejo un beso.

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  3. Te vi, te ley, me marcaste... que forma de escribir, es entrañable, no sorprende que tengas tantos seguidores, te felicito.

    un abrazo.

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  4. Hola,aqui ando como siempre de paso, visitando amigos y amigas,tienes un blog estupendo y mas que interesante,esta vez estoy un poco apurado pero no queria dejar de pasar a visitarte,siempre me gusta mucho lo que posteas en tu sitio,te espero en mi blog como siempre para peregrinar algo y te mando un abrazo muy fuerte,yo seguire pasando,besos.

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  5. Ola!

    Cuanto tiempo, ya que al fin posteo paso para visitarte! Me encanta como escribes! Tienes alma de novelista! Felicidades sigue asi!

    Maddie^^

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  6. Maravillosa prosa tienes, pude sentir en carne propia la vida en el mar, sos capaz de trasladar al lector a tu mundo y eso es admirable.

    Un beso

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  7. "Y la sal se encargaba de cicatrizarle las heridas"
    Qué belleza Sereno, sentimiento , sentido y vida en tu relato.
    Es que todo lo que escriben tus manos es hermoso.
    Un abrazo

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  8. elserenodelosfaros25 de abril de 2009, 22:27

    Nina, gracias por compartirlo.
    beso,

    Rayu, la amiga del sereno de los faros... esta vez conté un secreto de él.
    beso amiga mia

    David, gracias por pasar y lo de los seguidores es una circunstancia. Todavía no se dieron cuenta de la estafa.
    abrazo,
    Lely, allí voy para peregrinar por tu blog.
    Abrazo,

    Maddie, gracias. Siempre tan cortés y positiva en tus cometarios.
    beso,

    Julieta, Gracias y bienvenida. Pasá cuando quieras.
    beso,

    Niyume, ojalá fuera cierto, concluyo que te gustó el relato.
    gracias y beso.

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  9. Siento desde niña una predilección especial por los faros, quizás porque me dormía con los guiños de uno en casa de la abuela. Supongo que si alguna vez hubiese sido podido ser farera me habría también hecho amiga de las ballenas... Una maravilla naufragar en tus relatos, una verdadera maravilla. Una marea de besotes

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