martes, 29 de septiembre de 2009

Caballero azul


"Si catorce vidas son dos gatos aún queda mucho por vivir".
Fito Fittipaldi.

Hay una cicatriz en la tierra en Bosque Lindo. Un río de aguas tan claras como la franqueza se discurre en meandros recorriendo los ñires y maitenes. A modo de pueblo milenario las casas están orientadas al norte y en una leve meseta verde de cipreses. Esto explica porque no afectan los desbordes frecuentes del río a causa de las lluvias. El agua trae consigo siempre una novedad. Arrastra la corriente algún vestigio de otras comarcas, que si bien están alejadas, suelen aparecer entre las costas del río. Así fue que mientras Rogelio torturaba a su perro imitando a Pavarotti, un cuerpo llegó a la costa. En harapos casi en un tono azul, apareció exhausto, con la asfixia a boca de piel. Un hombre. Era castaño, común y azulado. Parecía no haber comido al menos en un mes. Estaba con las manos y los pies coartados en grietas violáceas y con una sonrisa que le ampliaba la cara y le cerraba los ojos. Algo insólito, si uno se pone a pensar, pues alguien en su condición de moribundo no podría verse así. Algo impensado, como lo es estornudar con los ojos abiertos. Rogelio, que solía cuidar los animales mientras no ladraba emulando a Pavarotti, fue a su encuentro. De hecho su perro, que lógicamente se llamaba Luciano, lo encontró. Ambos le miraban la expresión y se miraban entre sí. Rogelio armó valor y montó al caballero azul en un palomino y lo llevó hasta su casa. El médico que mandaban de vez en cuando al paraje, nunca llegaba a tiempo para atender. Las personas no solían enfermar y de haber un accidente acercarse a un centro de salud demoraba un día entero de viaje. El caballero no respondía y no se le quitaba su sonrisa del rostro. Los habitantes de Bosque Lindo demoraron minutos en aglomerarse en la casa de Rogelio. Decidieron entre sopas y brebajes caseros tratar de animarlo. El caballero azul, que se tornaba a rosadito con la sopa, tendido en el catre, comenzaba a mover de a poco esa raquítica figura sin decir palabra. Mara comenzó a masajear su cuerpo frío. Jaume le hablaba bajito como cura en el confesionario. Rogelio preparaba un espeso té de cedrón, y hasta Luciano le lamía las manos y los pies. La casita se llenó de calor y tensión. En el ritual, llegó la luna de la mano de la noche y cesó de llover. Ahí el caballero respiro profundo y aún con la sonrisa instalada, balbuceó.
---Al despedirse, ella me besó suave.—
Una mezcla de ternura y desasociego inundó el cuarto y sonrojó a la luna. Las nubes volvieron a cerrarse y un trueno se oyó como si alguien se hubiera enojado en el cielo mientras el caballero sonreía el recuerdo.

8 comentarios:

  1. Me ha gustado el relato pero tengo que confesar que no he entendido bien el final.
    Tal vez fué ella la que provoco el trueno por comentar ese beso?
    Si es así se ve que era muy celosa de su intimidad.

    Besos

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  2. Me ha encantado (empiezo a ser cansina, no?). Qué bonito eso de "sonreía al recuerdo". Supongo que Lady Jones aspira a provocar esa sonrisa de recuerdo. A veces, lo consigue y otras... no. Por cierto... ¿cómo se echan unas llaves al mar?
    Un beso.
    LADY JONES
    Me gustó mucho el tema que me recomendaste. Ciao.

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  3. me invitás un día a Bosque Lindo, farolero?

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  4. Yo tengo una sensación .
    Su añoranza y su ternura convertidas ya en recuerdo enojan al cielo que protesta tronando.
    Será que soy emocional y yo tronaría también.
    Prefiero suspirar con con su presencia que por un sueño.
    Mírale...
    Pero por Dios, ¿a qué estamos jugando siempre huyendo de lo que nos hace vivir?

    beso,

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  5. Gala, tiene el final que le quieras dar. tal vez releyéndolo encontrarás otro. Como suele suceder en la historia. Al mirarla desde otro perfil, cambia,

    beso,

    Lady, las llaves se arrojan cuando abres las puertas a la posibilidad.
    aunque lo hagas con ganas, algunas veces las olas te las devuelven.
    es inevitable.
    beso,

    Miralunas, y vamos... le avisamos a la comunidad bloggera y nos descochamos un malbec en al bosque. Eso si, como siempre llueve, tendríamos que invocar a los dioses para que haya solcito.

    beso amiga,

    Juncal, y esa sensación es acertada. El punto es que ella le había despedido... hay un tema de des-amor o no-encuentro ahi.
    No sé, yo sólo lo escribo.

    gracias por el comentario.
    beso,

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  6. Si fuera una dama azul también recordaría con una sonrisa ese beso.
    Precioso relato.

    Un abrazo.

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  7. Delicia!

    en el censo te dejé
    pinos y violetas
    jazmines y magnolias
    aquí te
    b
    e
    s
    osuave***************

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  8. Precioso relato. Es un placer inmenso leerte. Un abrazo.

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